viernes, 18 de mayo de 2007

Lo mío con las letras

Empezó a los cuatro años. No es que fuera una niña precoz, todo lo contrario. Era mi primer día de cole. Al susto inicial de encontrarme entre cuatro paredes, mesas para gnomos y dos señoras muy altas que decían cosas que no entendía, se le sumó una presencia que me perseguiría durante todo aquel curso. No recuerdo su nombre, pero sí su cara. Era mi compañera de mesa (mesita). Allá donde iba o donde dirigía yo la mirada, ¡zas!, se me aparecían su cara y su nariz chocando contra la mía y balbuceando palabras ininteligibles. Fue una experiencia traumática. Yo no recuerdo de aquellos días que de mi boca salieran palabra ni comentario algunos. Creo que me costó superar aquel shock. La niña del exorcista se dedicaba a sobresaltarme con cada movimiento que hacía hasta que, de repente... empezó a decir: "¿Quieres la a?, ¿quieres la e?, ¿no?... ¿y la u?". Me repitió la misma retahíla unas cuantas veces. Yo, en mi silencio, ya intuía que aquello era importante, que iba a cambiar mi vida. En las horas sucesivas fui descifrando el mensaje y, al final de mi primer día de cole, las vocales se me presentaron con una claridad indiscutible: A, E, I, O, U. Era mi primer aprendizaje. Visto con perspectiva, pienso que aproveché hasta el máximo el primer día de cole. Otro mundo, completamente diferente al que conocía hasta el momento, se abría ante mí.
De la niña hiperactiva (ahora se llama así) no me pude librar en todo el curso. A la hora del recreo cogía mi cara con las dos manos y me cantaba enterita y sin respirar la cancioncita que todavía ronda en mi insconsciente: "Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor, qué pena... ". Fue terrible soportar cada día a semejante "compi", de nefasto gusto musical y que se dedicaba a sobresaltarme en el momento en que yo empezaba a estar algo relajada. Pero bueno... si he de ser justa, he de decir que le debo mi primer contacto con ellas, con las letras. Muchas gracias, maripili (antes todas éramos marialgo), donde quiera que estés.