viernes, 23 de noviembre de 2007

Afortunadamente



Era martes y
la luz en la ventana.

La humedad que se escurría
entre el cristal
y las manos de piel
cortada.

Un café bañado
en voces dirigía
la lectura cotidiana.

Sin esperarlo tus ojos
entraron en mi mirada.

No hay aviso
para instantes
que presagian
un mañana.

(Óleo de Edward Hopper, 1929)

viernes, 16 de noviembre de 2007

Trapecista


Para entender bien la vida
debí nacer farandulera.
Qué triste ser trapecista
y estar sentada al sol,
deslumbrada,
a merced y capricho del vértigo.

(Óleo de Antonio Rojas, "Trapecista", en galeriaestampa.com)

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Malo-bueno

Quiero un malo-bueno. Un Viggo Mortensen que emocione mis ojos con sólo mirarme. Un bueno sobrenatural que sepa hacer de malo si el fin lo justifica.
Viggo se muestra como un "terminator" con corazón en su última película, "Memorias del este".
Es durilla en algunas escenas, pero si extrapolamos el personaje de mi ídolo, nos quedamos con eso: es sobrenatural. La imagen de hombre fuerte que todo lo puede con el que nos hacían soñar (maldita sea!) desde que era niña.
Y el final... el de nuestros tiempos: el amor no es posible, queda en un segundo plano, o en un plano de fondo. Cuántos viven su soledad y tiran del carro de lo que les toca hacer, como Viggo, aunque en algún momento de su vida les hayan mirado y hayan mirado como lo hace Viggo a la protagonista de "Memorias del este". Que nos quiten lo bailao (qué remedio), aunque el baile ya quede muy, muy, muy lejos...

sábado, 10 de noviembre de 2007

Todavía



No dormirán tus labios
todavía
junto a sus ojos cerrados.

Este amor
en suspenso
no sabe de caricias
al caer la tarde.

Ni del hastío
que llega, invasor,
a consumir los días.

A algún lugar
de tu espacio
y su tiempo
van a parar los deseos,
inconsumables,
que hacen este amor
eterno,
perdurable
por incierto.

(Foto: "Al infinito", en www.aranjuez.es)

domingo, 4 de noviembre de 2007

Varas de carro


Poco o mucho
que decir.
Aquí estamos.
Plantada.
Mirando al infinito.

El mechón de pelo
recogido tras la oreja.
Los brazos
abrigando la chaqueta.

Ha refrescado.
Lo nota la garganta,
carretera sin tránsito.
Hay tantas palabras
escondidas
en los rincones
de este cuerpo.

El mechón se suelta,
bailando con el viento.
La chaqueta se abre
y deja el pecho
al descubierto.

Mejor no parar.
El frío puede, entonces,
apoderarse
de tu aliento.