lunes, 19 de mayo de 2008

Fundido



Renuncio a mirarte
porque corro el peligro
de verte.
Y que, de un soplo,
todo el esfuerzo,
el trabajo,
los sueños,
mi gente,
mi casa,
los libros,
el cine,
la danza,
una cita,
una música,
la vida...
... sucumban.
Se reduzcan a cenizas
de un fundido tras la cámara.
Cómo devolver al mundo
estos ojos, ahora inmóviles,
incapaces de doblar la esquina
y liberar una lágrima
robada por el viento.

(Fotografía: juanjo jiménez)

9 comentarios:

TOROSALVAJE dijo...

Mal hecho Carlota.

Quizás tus ojos te lo agradezcan.

Besos.

ynarud dijo...

Hay que mirarle siempre, le pones una careta y ala que le den... si hay que darle si no, hay que mirarle más... jajaja

Pero me gustó un montón

;)

MartaNoviembre dijo...

Ay, Carlota, creo que me has dado justo entre los ojos... Precioso. Un beso

Trini dijo...

A veces es mejor no ver, o no pensar...así todo lo que tenemos permanece a salvo, por sobre los sueños imposibles...Pero cuán bonito sería entregarnos a ese sueño, acaso tan bonito, como todo lo demás junto...
Tan bonito como tu poema.

Besos

Fernando Sarría dijo...

pues será que el cerco es más alto y el miedo ha volado raso...besos.

Maribel Sánchez dijo...

No hay que renunciar a nada Carlota, mirar de frente siempre y con la cabeza bien alta. Y si no te gusta pues como dice Bea, una careta ea!

Besazos

Anónimo dijo...

Gracias por utilizar mi foto para acompoñar estas joyas que escribes... Es un lujo leerte.
Y con respecto al poema... qué fue del riesgo? Sin él, la vida puede ser una espera demasiado relajada...
jj

Tesa dijo...

Que abras los ojos, Carlota, que a lo mejor, es más lo que ganas que lo que pierdes. Al menos no construyes tu vida sobre los temibles:

"Y si lo hubiera mirado...Y si...

Me gusta el poema y la foto.

Besos, Carlota.

josé luis cervera dijo...

Encuentro acertada la idea esa de mirar y sucumbir. Siempre he pensado que el amor entra por los ojos. Siempre he pensado que tal es su poder que puede reducir a ceniza todo un universo planteado, pero de igual modo, también es capaz de hacerlo nacer y crecer de nuevo. La última parte del poema es reveladora del mundo que nos rodea, cómo entregar al mundo la mirada si en el mundo, preso de todas las cosas, están aquellos frutos que duermen en nosotros y que un día despertarán. Opino al respecto que no es necesario temer al viento, sino ser su acompañante y dejarse llevar por todo aquello que en nosotros está en torno a todas las cosas.
Saludos.