lunes, 4 de agosto de 2008

Mirando a Brooklyn



Un mar terroso inunda esta profundidad
de estío.
Sueño mar
y arena.
Sabré tender un puente
y hacer de vigía un tiempo,
suspendida en las cuerdas desde donde diviso
las luces de Brooklyn.
Me sienta bien la resina en las manos.
La brisa trae sabor a canela
y se ríe de mí.
Brooklyn espera.
Pero no por mucho tiempo.

7 comentarios:

TOROSALVAJE dijo...

Tiene buena pinta tu estío.

Besos.

Elisa dijo...

Leyéndote puedo sentir la brisa en la cara mientras observo una ciudad gigante bullir a lo lejos. La poesía hace de puente entre la vivencia del poeta, y el mundo. Me ha encantado leerte Carlota.

Un abrazo fuerte desde este balcón.

Fernando Sarría dijo...

cuando cruce a finales de septiembre el puente (espero) te recordaré seguro...besos.

Sabela dijo...

Debe de ser precioso respirar la brisa con sabor a canela, ¿dónde se puede tener esa vivencia?...
Abrazos.

Loser dijo...

A lo mejor coincidimos.
Un beso.

josé luis cervera dijo...

Estamos rodeados de mares. Somos islas. Soñar con la evasión, ser vigía en el palo mayor y divisar tierras lejanas es un lindo ejercicio, muchas veces salpicado de ansiedad sudada.

Saludos.

josé luis cervera dijo...

Leyendo de nuevo el poema, percibo esa profundidad del estío que mencionas. En cierta manera, este tiempo de pretendido descanso, de forzada felicidad para muchos, no es más que una sensación de evasión, que a veces se percibe realmente y a veces no. No importa a mi parecer esa sensación, muchas veces engañosa. Lo que importa es esa resina en las manos, ese crecimiento y ese apego a la vida. Encuentro bello ese contraste entre la resina y la brisa que se ríe, muchas veces el viento lo muda todo, hace lo posible por zarandearnos, con la resina en las manos se es fuerte, y así es más difícil la derrota.

Saludos, y
feliz verano.