jueves, 30 de octubre de 2008

Proposición



Recupero este poema que escribí en abril. A veces vuelvo a él y me deleito. Noviembre es tan frío.
Conservo los comentarios de abril y agradeceré los que me traiga el mes de las flores muertas (guiño a Fernando Sarría).

Te propongo un pacto.
Tú habítame la casa
en las horas de umbría.
Canta por los rincones.
Sé generoso en dejarle tu aroma
a los claveles.
Arréglame esa puerta que se descuelga
a mi paso.
Pero no te atrevas a batirte
en duelo con el desamor.
Hasta donde alcanzan mis ojos,
no le ha vencido nadie.
Ni se te ocurra echarle en cara
una preciosa rutina que imagino
contigo.
Yo prometo dejar sueltas las palabras
en el aire.
No te faltará mi aliento
en las crestas y valles de la no-costumbre.
Allí te espero yo.
Dispuesta a confundir nuestros secretos
entre retorcidas sábanas
de urgencia.
Tú... habítame la casa.
Solamente... Solo.
Yo... la mantendré en pie.
Solamente... Sola


(Foto de Grouchoo, en dudas.nireblog.com)

miércoles, 29 de octubre de 2008

Entre cerrar y reiniciar... pausa en espera



De lo aprendido, nada ocupa su lugar.
Cae la red y pierdo datos
en cada reconfiguración del sistema.
Como en un psicotécnico
investigo el patrón que alumbra el sentido.
Estoy demasiado cerca. Y no puedo subir más.
Imposible cambiar la perspectiva.
Camino sin pauta por una serie lógica
que sólo entiende el demiurgo.

(Imagen: "Alicia expulsada al país de las maravillas", de Aramel, en: puntosupensivos.blogspot.com)

viernes, 24 de octubre de 2008

Niebla en el cuerpo



"Desabraça'm! O abraça'm sense retorn ni brida"
M. Mercè Marçal


La fría baldosa torna morados los labios
antes carnosos, encendidos.
De puntillas acierto a calzarme las medias de rejilla,
tropiezo con un zapato, contengo el aliento.
No me mires, duerme. No al ritual de despedida.
No me condenes al desabrazo.
Hay un eco en la casa que me acompaña,
me empuja hacia la puerta.
La Luna ya no es cómplice, es un trozo de hielo
que anula el efecto de la calefacción del coche.
Todas las fuerzas de la noche maldicen mi aventura.
La niebla escupe en el parabrisas la palabra:
absurda.
El espejo del ascensor está borracho de endorfinas.
Nunca me he gustado tanto como entonces:
los ojos brillantes, la piel tersa, el cabello salvaje
que sólo crea el deseo.
Mi gato persigue los secretos, perdona mi ausencia
y lame las heridas.
Me doy al placer de reconocer el aroma cotidiano
del gel desmaquillante, el tónico, la crema "anti-rides".
Sé que estoy a salvo, que cuento conmigo.
Envuelta en olor de mujer viva,
en compañía del fiel ronroneo,
me entrego al abrazo más cálido:
el de la huella perenne de mi cuerpo
entre las sábanas blancas.
Tomorrow will be tomorrow.

Qué mujeres???



Me pregunto cómo es posible que actrices americanas se presten a hacer películas tan carcas como "The Women" (Las mujeres).
El mensaje: una mujer de clase muy pudiente, pero no cualquier mujer, no, la eterna adolescente inyectada de botox Meg Ryan (con lo mona que estaría con sus marcas de expresión naturales), con sus tics de chica progre y desenfadada, está felizmente casada y organiza actos benéficos. Y tiene unas amigas divinas de la muerte que forman un club privado de secretos entre ellas (el baúl) y que se quieren a morir. Pues bien, el marido de la Meg está en esa época tonta en que tiene una amante, pero en realidad a quien quiere es a su mujer. Porque la amante es una chica mala, muuuuuuuuuuuy mala, que sólo ansía no pegar palo al agua y vivir de su amante mientras encuentra la forma de que deje a su mujer. La amante viste como una furcia, pero la Meg es tan natural, tan sutil, tan gracil toda ella.
Total: que la Meg, que tampoco ha pegado palo al agua en su vida, envía a su marido a freír espárragos y, con esta crisis que se presenta en su vida, se da cuenta de que ella vale mucho: se alisa el pelo y se pone a diseñar y a triunfar a lo grande. El marido, que ya sabía que su mujer era una joya (por eso era su mujer), acaba de confirmar lo maravillosa que es y le devuelve el anillo de matrimonio en un sobre para que vuelva con él.
La culpa es mía. Tenía la tarde tonta. No sé por qué me gasto 6 euros y 50 céntimos en ponerme nerviosa.

lunes, 20 de octubre de 2008

La culpa es de la velocidad


Sebastià Serrano, que es un señor muy carismático, asiduo de los medios de comunicación y las tertulias, semiólogo y profesor de lingüística general en la Universitat de Barcelona, viene a decir en su último libro (Los secretos de la felicidad) que las relaciones personales en la actualidad se mueven bajo la sombra de la incertidumbre (la interpretación y la frasecita es mía).

Y, leyendo el libro, parecía que el tal Serrano me conociera en persona y se hubiera inspirado en mí. Incertidumbre, incertidumbre, incertidumbre. Sensación de que una se mueve pisando arenas movedizas o siempre suspendida en un alambre, sensación de que una no sabe si se pasa o no llega. Incertidumbre en el plano afectivo de nuestras relaciones (de pareja, de amistad) que está directamente relacionada con la velocidad, otra palabra clave de nuestros días. Velocidad a la que todo transcurre: la jornada laboral, las obligaciones caseras cotidianas, las extraescolares de los niños, la formación continua profesional, la necesidad de relacionarnos socialmente.... Y todo esto aliñado con el instrumento que sirve de acelerador de la velocidad y de la incertidumbre: la evolución incesante de las TIC (tecnologías de la información y de la comunicación). El móvil, el ordenador nos sirven para acortar distancias antes insalvables a la hora de relacionarnos. Pero al mismo tiempo... ¿qué tipo de relaciones promueven? Lo efímero, transitorio, carente de profundidad y de continuidad que conlleva muchas veces la comunicación a través de estos medios. Utilizamos el móvil y obviamos, por otro lado, la realidad que tenemos delante, la persona con la que estamos tomando un café en ese momento, por ejemplo. Es decir: engordamos así nuestra incertidumbre. Como la engorda el estrés al que nos somete la necesidad de estar continuamente al día de la evolución de las nuevas tecnologías a todos los niveles.

Y se me olvidaba apuntar que esta incertidumbre se debe a que nuestro cerebro no ha evolucionado a la misma velocidad brutal a la que evolucionan las TIC. Por lo que hay un desajuste entre las necesidades que tenemos, y que vienen dictadas por nuestro cerebro, y la vida que nos espera ahí fuera.

Serrano es optimista, así lo dice al final del libro. Está convencido de que toda esta vorágine en evolución, con ayuda de las nuevas disciplinas científicas, nos augura un futuro lleno de posibilidades.

Será. Pero creo que yo no lo cataré.

viernes, 17 de octubre de 2008

Te voy a hablar



Te voy a hablar de lo concreto
y de lo abstracto.
Me gusta jugar con tu deseo.
Rodearte por la espalda y acercarme
a tu oído mientras pienso
en todo lo que no te digo.
Oler tu pelo, acariciarlo,
sentir envidia de su disposición
salvaje.
Quedarme quieta el tiempo preciso
para provocar un creciente galope
en tu respiración e imaginar la boca
que no veo, la mirada elevada hacia el techo.
Me pone tonta que mis ojos bailen con tus labios
cuando comentas, distraído, las noticias del día
y un mechón de pelo vuela tras las hojas
del periódico.
Ni te imaginas qué siento cuando me clavas
tu mirada y activas "un movimiento afectivo
hacia lo que me apetece".


"Deseo: movimiento afectivo hacia algo que se apetece" (definición del DRAE)

martes, 14 de octubre de 2008

Puentes de madera infinitos


La duda se alimenta del brillo
de mis ojos.
No hay corazón que compartir.
Fui entregando partes que visito
puntualmente.
He dormido en aguas cristalinas,
cruzado puentes de madera
infinitos.
Pero eran sólos sueños.
Como imaginar que todo está escrito
y acurrucarse.
Sé que no hay amor
sin desnudar el alma.
Cómo seguir cruzando un puente de madera
infinito.

viernes, 10 de octubre de 2008

Furtivos


Jugamos a saltar piedras
de río.
Tú me das la mano en un descuido.
No la apreto demasiado, no quiero
acostumbrarme a su contacto.
Hay piedras de todas clases.
Nos quedamos abrazados,
haciendo equilibrios, si nos envuelve
un violín, un chelo, si alguien nos cuenta
historias de conspiraciones vaticanas.
En esas piedras te siento
cercano y tomamos carrerilla,
probamos, miramos, tocamos,
besamos, nos hacemos cada uno
con un pedazo de ternura, de risa
o de paz a escondidas de su dueño.
Y seguimos saltando hasta darnos de bruces
con quién soy, quién eres, qué somos.
Silencio. Y vuelta a empezar.
Jugamos a saltar piedras
de río.
(Imagen de la película "Dirty dancing")

martes, 7 de octubre de 2008

Psicoanálisis



Estoy mejor cuando no hay nadie en mi cabeza. Cuando es viernes y me siento en el sofá con una birra, un sanwitch de queso y fritos barbacoa y sueño que Al Pacino habla conmigo, y no con Diane Keaton en la primera parte del Padrino. Estoy mejor si llevo la rutina sujeta con correa, si pico textos en el trabajo a ritmo "allegro" y suelto a la mente, la libero un breve espacio de tiempo de la tristeza omnipresente que un día se quedó a vivir conmigo. Mientras... yo la distraígo, a la tristeza. La visto de simpleza, de superficialidad, de risa absurda en una tertulia de conocidos que no lleva a ningún sitio. Pero ella es lista, la tristeza. Se enfada conmigo. Que qué me he creído yo... que a ella va a engañarla una melancólica patológica como yo. Entonces me encojo de hombros, suspiro y me desayuno el periódico del día con un café con leche. Ojalá no se acabara nunca ese café con leche, soy tan feliz cuando lo bebo, cuando veo que todavía me queda la mitad, cuando aspiro el aroma de café y oigo la conversación de la mesa de al lado. Cuando me saluda una vecina con los ojos tiernos. Pero se acaba, el café con leche.
Estoy mejor cuando no hay nadie en mi cabeza. Cuando creo que domino mi entorno social de referencia. Estoy mejor si no me siento en peligro de vida. ¡Qué cruz!
Foto: yo misma a la entrada del museo Oteiza en Pamplona

miércoles, 1 de octubre de 2008

Estamos, andamos



Devuélveme la mirada limpia,
el suspiro hondo bañado
en agua de río, el vértigo
de los brazos en cruz contando
piedras de tortuga.

Entiéndeme los ojos que ven
el árbol milenario y callado,
las palabras mudas impacientes
por contarte.

No dejes que me olvide de este cuarto
ajeno, extraño, cómplice
de tu cuerpo y el mío, y de la Luna
que fisga entre las cortinas
incapaces de ocultar el sonido de las manos,
los labios, los brazos, las piernas...
todos nuestros secretos danzando.

Pero que no me priven de esa mirada limpia,
del aire que me eleva, de la mano en el pecho
y los sueños entornados, pacientes,
a la espera eterna de un nuevo día,
a pesar de haber dormido en tu cabello.

Un violinista en tu tejado - Melendi



No soy mucho de Melendi. Pero ésta me llega. Me engancha el estribillo y la conjugación de las dos voces: "Fue tan efímero...".