lunes, 20 de octubre de 2008

La culpa es de la velocidad


Sebastià Serrano, que es un señor muy carismático, asiduo de los medios de comunicación y las tertulias, semiólogo y profesor de lingüística general en la Universitat de Barcelona, viene a decir en su último libro (Los secretos de la felicidad) que las relaciones personales en la actualidad se mueven bajo la sombra de la incertidumbre (la interpretación y la frasecita es mía).

Y, leyendo el libro, parecía que el tal Serrano me conociera en persona y se hubiera inspirado en mí. Incertidumbre, incertidumbre, incertidumbre. Sensación de que una se mueve pisando arenas movedizas o siempre suspendida en un alambre, sensación de que una no sabe si se pasa o no llega. Incertidumbre en el plano afectivo de nuestras relaciones (de pareja, de amistad) que está directamente relacionada con la velocidad, otra palabra clave de nuestros días. Velocidad a la que todo transcurre: la jornada laboral, las obligaciones caseras cotidianas, las extraescolares de los niños, la formación continua profesional, la necesidad de relacionarnos socialmente.... Y todo esto aliñado con el instrumento que sirve de acelerador de la velocidad y de la incertidumbre: la evolución incesante de las TIC (tecnologías de la información y de la comunicación). El móvil, el ordenador nos sirven para acortar distancias antes insalvables a la hora de relacionarnos. Pero al mismo tiempo... ¿qué tipo de relaciones promueven? Lo efímero, transitorio, carente de profundidad y de continuidad que conlleva muchas veces la comunicación a través de estos medios. Utilizamos el móvil y obviamos, por otro lado, la realidad que tenemos delante, la persona con la que estamos tomando un café en ese momento, por ejemplo. Es decir: engordamos así nuestra incertidumbre. Como la engorda el estrés al que nos somete la necesidad de estar continuamente al día de la evolución de las nuevas tecnologías a todos los niveles.

Y se me olvidaba apuntar que esta incertidumbre se debe a que nuestro cerebro no ha evolucionado a la misma velocidad brutal a la que evolucionan las TIC. Por lo que hay un desajuste entre las necesidades que tenemos, y que vienen dictadas por nuestro cerebro, y la vida que nos espera ahí fuera.

Serrano es optimista, así lo dice al final del libro. Está convencido de que toda esta vorágine en evolución, con ayuda de las nuevas disciplinas científicas, nos augura un futuro lleno de posibilidades.

Será. Pero creo que yo no lo cataré.

3 comentarios:

Albatros dijo...

Búscale el lado positivo, piensa que esa incertidumbre tiene también una componente de emoción, de inquietud que nos mantiene expectantes ante lo que se avecina, ante la duda de saber cual de esas efímeras y superficiales relaciones que entablamos gracias a la tecnología, no va a ser tal y nos va a dar la sorpresa de la verdadera cercanía, de la calidez, del verdadero afecto…, y, ya puestos, piensa también que sería peor que nuestro cerebro discurriera a mayor velocidad que esas TIC, nos llevaría a la continua decepción de esperar a que pase algo que no lleva o al aburrimiento de saber que es lo que nos alcanza.

Bueno y después de esta comedura de tarro…

Un besazo,
P.

TOROSALVAJE dijo...

Estoy de acuerdo con él. Además resulta obvio, supongo que la gracia es saber transmitirlo.

Creo que la generación de nuestros padres, con todos sus problemas y necesidades, caminaba más segura, las cosas no cambiaban a la velocidad de ahora, hoy en día puedes quedar desfasado enseguida, y si, la incertidumbre se ha apoderado de nosotros.

No hay seguridad para nada, y eso lo padecemos y se manifiesta en multitud de trastornos emocionales.

Besos.

ynarud dijo...

Bueno, al fin y al cabo la incertidumbre es el mañana… y el mañana siempre ha existido. La velocidad la ponemos nosotros, igual que cuando conducimos un coche, puede ir más o menos rápido… pero es nuestro pie quien acelera.

muaks ;)