miércoles, 28 de enero de 2009

Salgo a respirar



No conozco otra guerra
que mi propia trinchera.
Las idas y venidas por el corredor
terroso, oscuro, lleno de noche.
De ruidos de metralla a lo lejos,
que reconozco cuando tropiezo
con tus ojos. Cristalinos, pacientes,
acostumbrados a vivir en el filo.
Más allá de este agujero
hay vida y hay muerte,
mordeduras venenosas y aire que acaricia,
voluntades inquebrantables
y caminos hartos de dimisionarios compungidos.
Tantas formas de sentir
como auroras boreales en los cielos de Laponia.

8 comentarios:

Anabel dijo...

Ay, sí, ¿no es suficiente guerra la propia? Parece que en estos tiempos la poesía se tornara inútil, como un adorno más en un escaparate recargado. Yo opino que si fuéramos capaces de ganar nuestras propias batallas, en nuestras propias trincheras, veríamos un horizonte tan bello como las auroras boreales en Laponia. Y la poesía es nuestra arma, la única arma que se puede aceptar en nuestra guerra, que debería ser, incruenta.

Bien, bien, bien. Blandes tu espada como una auténtica poetisa: Tú ganarás cualquier guerra.

Besos,

Anabel, la Cuentista

TORO SALVAJE dijo...

Estoy de acuerdo.
La trinchera propia es la guerra que siempre nos acompaña, sin treguas ni armisticios.

Besos.

Jorge Ampuero dijo...

Certero y contundente. Espero leer más de tu poética.

Saludos...

josé luis cervera dijo...

Tal vez todo se pueda resumir en cuatro palabras: manos a la obra.

Saludos

Caminante dijo...

Bello y terrible, como casi todo lo que es auténtico.

Un besazo.

Fernando dijo...

y esa leve sequedad del ser recorriendo el pasillo de lo diario, lo que apenas llena y sin embargo atesora tantas horas de nuestra vida...un beso.

Trini dijo...

Se ve necesario abandonar las trincheras, al menos unas horas y subir a una cima a respirar nuevas brisas, y así comparar y elegir si seguir en ella o cambiar de aires.

Besos

Cesc Fortuny i Fabré dijo...

Me quedo con todo, de principio a fin.
Me parece deslumbrante.