martes, 26 de mayo de 2009

Un día la memoria te dirá cuánto te quise



Afortunadamente no te conozco
y un beso de tus labios, a veces,
trae ese esplendor en la hierba
que volvió loca a Natalie Wood.
Como no te conozco, a veces,
cuando mi cuerpo y el tuyo saben a río,
abro los ojos y una milésima de segundo
me parece ver a Marlon Brando en París
mirándome con lascivia.
En esa ignorancia tácita, consentida,
irremediable,
respira hondo la palabra libertad
y todos los fantasmas pasean sujetos con correa.
Y ya sé que me diréis que soy cobarde,
que hay que vivir plenamente,
que hay que mojarse porque, si no, "paqué".
Yo lo sé.
¿Lo sabes tú?

Imagen: "Cajas", óleo sobre lienzo de Kike Meana.

lunes, 18 de mayo de 2009

Un poema de Benedetti




Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.


Fragmento de un poema de Mario Benedetti. In memoriam.
Imagen: "Ensimismada", pastel s/Cansón, de Luis de la Fuente (artelibre.net).

miércoles, 13 de mayo de 2009

Planos de existencia divergentes para algunos sentidos



Transita Isolda por un plano de existencia
azul y blanco donde una brisa siempre
masajea su melena roja. Tacto de viento.
Hay accidentes de coche, enfermedades que se apean
en un cuerpo, gritos de escalera con olor a guiso rancio,
besos en un rellano, amor no buscado. Mirada al horizonte.
Olor de mundo que pasa de puntillas a veces,
hidrocarburos, pollo al ajillo, sangre en el asfalto,
tarta de limón. Olfato de tu sexo y mi sexo acelerados.
Y en la boca siempre el sabor del caballero,
del cuello, de su sexo imán para estos labios,
de la piel toda. Siempre ese gusto que brota
en las entrañas sin llamarlo, para el que no hay viento
ni horizonte que valgan su destierro.
Y la voz que sobrevive a todos los silencios.
De Isolda huyen los ojos y las manos. El resto,
un manantial que fluye en nombre de lo irreprimible.

Imagen: "La sed", grafito y pastel sobre papel de acuarela, de Marcos Rey Vicente.

jueves, 7 de mayo de 2009

Sueño para el que no existe amanecer



Nunca hemos llegado a casa.
Porque jamás nos hemos ido.
Y si un día partimos, fue en realidad
un sueño para el que no existe amanecer.
Tanto camino desde el nido para regresar
como un feto a la cueva del origen
donde todo se gestó.
Una novela puede apaciguar mi incertidumbre,
reconfortar al reconocer mi monólogo
en una mente que entiendo superior.
Y al pasar la última página, como el ladrón que dobla
la esquina y huye por el callejón, me hago con el tesoro
de lo que alguien vivió, sintió y sangró por mí.
Y me creo en casa, en el hogar seguro,
aunque mi piel huela a amantes que jamás me tocaron
y los ojos fabriquen lágrimas de horrores que no he visto.

(Óleo: "El vestido de la noche", del pintor surrealista belga René Magritte).

Entre las teorías de Freud me han llamado la atención sus reflexiones acerca de lo que llamamos hogar: sería el lugar donde repetimos el pasado y, muchas veces, aquello a lo que llamamos amor es nuestra resistencia a la idea de marcharnos de casa. Pero son sólo teorías, algo más sobre lo que escribir, debatir, rebatir, soñar...

martes, 5 de mayo de 2009

Udjat



Laxas las manos después de la tormenta,
surcos flácidos, la piel busca tu nombre
aparecido un viernes.
La piel
hipnotizada de caricias,
cáliz regenerante, saluda al sol.
Y tú, protegido por el ojo de Horus,
lloras amor mirándome a lo lejos
en esta cercanía que a veces nos aparta
para impedir que nos comamos vivos.

Imagen: el "udjat", ojo de Horus, talismán que propicia la capacidad de renacer, según la mitología egipcia.