viernes, 26 de junio de 2009

Generosamente el olvido huele a vida



He de pintarme dulcemente los ojos
si te vas.
Elevar las pestañas en zig-zag
y sonreír al vecino como siempre.
Porque un día olvidaré que mi libertad
llevaba tu nombre a cuestas
y que mis ojos te veían a ti.
Suelo sobreponerme a todas las ausencias.
Con generosidad, ese día que olvido,
el amor se dilata y todo vuelve
a tener sentido: otra vez mis labios
se relajan y lucen tersos,
como los de una embarazada.
No rencor. No rabia. No acritud.
Vida que me envuelve,
dulce pereza que me canta al oído.

(Imagen: "La pereza", de Marcos Rey Vicente)

lunes, 22 de junio de 2009