jueves, 29 de octubre de 2009

Las puertas son títeres en manos de los muertos



Vivo gracias a mis muertos. Alimento por tanto a una extraña que cada vez tolera menos los guisos. No querría añadir indigestiones buscadas. Mis muertos revolotean. Se ríen y lloran por mí, de mí. Y me soplan al oído las cartas de mi oponente. Lástima que no pueda oírlos y, entonces, cuando asisten impotentes a mi transitar diario, se tiran de los pelos. Es más: a juzgar por los golpes de viento que coleccionan portazos, están hasta el moño de mi torpeza en el vivir. Se cuelan en mis sueños, pero ni por esas. Es tal la telaraña que no me deja ver.

martes, 20 de octubre de 2009

Aldeas prestadas



Alfredo se llamaba. Y olía al pan que se cocía en su tahona. Existió un pajar donde su boca me pareció la más cálida en un pueblo que nunca fue el mío. Siempre he habitado aldeas prestadas. Todo estaba por hacer entonces. Y mis oídos se llenaban de las voces de mis abuelas, mis tías, mi madre. Desconocedores, aún, del vacío al que estaban abocados. Hay espíritus viejos que ya lo sabían. Y que hoy caminan por la calle con la sonrisa serena del que sabe vivir a golpe de momentos.

lunes, 5 de octubre de 2009

Idiomas extraños



Tenías algo que contarme.
Entre la dispersión de recibos impagados
se colaba alguna tarde sin palabras
que invadía todo. Tu olor. El pelo suave.
No he visto más almas desde ese día
y todas las conversaciones son en hebreo.
Idiomas extraños como éste que manejo.
Tengo que escribir que todo fluye.
Que el fluido existe, como cuando compartimos
la misma fiebre.
Esto es sólo una tregua.

(Fotografia de una molécula de agua cristalizada después de someterla a palabras o imágenes positivas. Experimento de Masaru Emoto. No sé si es verdad, pero me gustaría)