martes, 22 de diciembre de 2009

Danaide



Llevo el curso de los ríos escrito en los párpados
y hay tantos paréntesis que cerrar.
Llevo un mar en los ojos que me sacude.
Aunque me visto de piedra.

Carlota

(Imagen: "Danaide", escultura de Auguste Rodin) Según la mitología griega, las Danaides fueron las cincuenta hijas del rey Dánao, condenadas por toda la eternidad a verter agua en un tonel sin fondo. Rodin plasma el agotamiento del cuerpo femenino de Danaide.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Acróstico



Tímidamente bailas y sales a mi
Encuentro. No estamos para juegos
Miméticos de redes sociales ya perdidas.
Perezoso exhalas el perfume cacharel
Usurpador del aroma animal exacerbado.
Somos bestialmente los mismos
Feroces críos pero con las ganas extirpadas
Una noche que rompió la cadena del hechizo.
Gónadas inertes, plastelinas, muertas.
Ignórame otra vez y cuanto puedas.
Tápate, que la noche no te encuentre.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Sumisa



Me permito la sumisión un día por semana. Es un juego fascinante y morboso que me deja unas horas expuesta, vulnerable, sudorosa. Humana. Da igual quién sea mi oponente, aunque me gustan especialmente los hombres atormentados, de ojeras oscuras, perfume de esencia de Loewe mezclado con su sudor particular y esqueleto maltratado por el tiempo. Ellos suelen llevar peor el salto a la madurez. La misma que me ha permitido a mí pisar cada día más fuerte y apreciar, por fin, la eficacia de mi crema hidratante. Me gusta cambiar de pareja a menudo cada noche. Me empapo de su olor y de sus manos sudorosas y sé que, en cada cambio de pareja anunciado y ejecutado al momento, me acogen en sus brazos con deseo. Les gusta hacerlo conmigo porque soy manejable, dispuesta, atenta a sus instrucciones, gracil, casi etérea. Y ellos creen que todo esa sincronía de movimientos se debe a su buen hacer. Yo dejo que lo crean. "Mira chica, aquí son ellos los que mandan, así está establecido". Ésta fue la sentencia que me espetaron el primer día. Es un placer que alguien piense por mí, que no tenga que controlar ni que dirigirlo todo. Someterme. Y en cada sesión me descubro a mí misma un poco más. Me dejo llevar. Y sueño que ese cuerpo sudoroso que apenas me conoce y me respira podría ser cómplice de tantas cosas conmigo. Tal vez lo es. Dos horas por semana en la academia de baile Los Latinos.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Siempre aquel dulce invierno



El frío eres tú aquel dulce invierno.
Aire cortante, nariz enrojecida,
vaho en la boca, el olor...
Olor a pueblo y yo cogida de tu brazo.
Visitando iglesias, haciendo cola en el horno,
las pupilas dilatadas ante el espectáculo
de la repostería local.
Nieve, azúcar glass y chocolate compartido.
Nombrar todos los árboles que salen al encuentro.
Acariciar arbustos, respirar.
Y siempre,
al final,
chocar contigo,
con tu boca,
en todas
las
es
qui
nas.

(Foto de juanjo jiménez)

viernes, 4 de diciembre de 2009

Francisco Cenamor en Lleida



Velada de poetas Adictos al Verso ayer en Lleida. Si hace poco nos visitaba José Naveiras, esta vez le tocaba el turno a Francisco Cenamor. Nos presentó su poemario "Casa de aire". Lo que me quedó, tras explicaciones del autor y presentadores, y tras la lectura de algunos poemas, es que Francisco plasma en los poemas fragmentos de tiempo aleatoriamente, su poesía es casi cinematográfica: lo que ve el poeta en la calle ya es para él poesía. A partir de ahí, se trata de plasmarlo en el papel.

Os dejo algunos ejemplos de su libro, dividido en dos partes: "casa de aire" y "ríos de gente". Y os animo a que consultéis su blog "Asamblea de palabras", un buen instrumento para mantenernos al día sobre publicaciones y actos diversos.

XII

Cuerpo encorvado,

mirada perdida.

Sale de tus labios

un extinto rumor

que nadie escucha.

El frío de una moneda

en la mano te despierta.


Gentes que pasan


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XXX

Un hombre
te deja

ser su diosa.

Limpia

lágrimas

en tu rostro.


Cocinas para él

con el amor

de tanto tiempo.


Otra vez temblor

en la carne.

Reparación del daño.


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8.47 am

El niño tira la piedra,
muere el pájaro contra el tronco del árbol.

La piedra cae al suelo partida en su frialdad.

El niño mira el pájaro un segundo,

la sangre saliendo por el pico.

Se vuelve, se va sonriendo.


El barrendero recoge

pájaro y piedra

en su carro de basura.