lunes, 7 de diciembre de 2009

Siempre aquel dulce invierno



El frío eres tú aquel dulce invierno.
Aire cortante, nariz enrojecida,
vaho en la boca, el olor...
Olor a pueblo y yo cogida de tu brazo.
Visitando iglesias, haciendo cola en el horno,
las pupilas dilatadas ante el espectáculo
de la repostería local.
Nieve, azúcar glass y chocolate compartido.
Nombrar todos los árboles que salen al encuentro.
Acariciar arbustos, respirar.
Y siempre,
al final,
chocar contigo,
con tu boca,
en todas
las
es
qui
nas.

(Foto de juanjo jiménez)

10 comentarios:

josefina dijo...

Hola guapa, soy la primera en los comentaríos, estamos leyendo tu poema con Mari Cruz, nos ha gustado y aquí tenemos un día de dulce invierno.
Muchos vesos de las dos y dice La MC.que sigas potenciando tu sensibilidad, que eres única.
Adeuuuuuuuuuu

*E_lys_a* dijo...

Qué dulce Carlota. Qué acogedores tus líneas que transforman el invierno triste en una estampa deseada.

Un besico fuerte!

Fernando dijo...

de los recuerdos que nos habitan siempre podemso sacar algo positivo...siempre queda el ducle de la nieve sobre las cosas idas...besos.

mos dijo...

Los recuerdos evocan momentos inolvidables. Un dulce invierno puede ser el más calido de los encuentros.
Un abrazo de mos desde la orilla.

Darilea dijo...

En cualquier esquina se respira un amor intentando escapar del olvido.
Un besito.

thoti dijo...

.. que dulce resultó ese invierno tropezándote con dulces esquinas.. y seguro que casi no sentías el frío..

.. besos, Carlota..

Noesperesnada dijo...

Muy lindo eso de tener una boca con la que chocar en invierno y muy interesante leerte en verano...

Anabel dijo...

Una manera estupenda de evocar: besos y olor a tahona de pueblo.

Maravilloso.

Espero que mis intestinos no me gasten otra mala pasada y el 17 podamos vernos.

Besos,

Anabel, la Cuentista

Cesc Fortuny i Fabré dijo...

"El frío eres tú ..."
No hace falta nada más.

Muchos besos.

qui sap si... dijo...

I amb cada petó
el baf de la boca
feia un cor
que s’anava convertint
en boira o neu,
sota les ales
dels nostres barrets
de feltre, humits i freds.
Ens sabíem
els noms dels arbres
que cada any
vèiem fer-se més grans,
desfullats amb aspecte
de tenir fred,
fred que compartíem entre tots.
De vegades
deixàvem regalimar
pel tronc d’alguns,
gotes de xocolata desfeta,
ben calenta,
i rèiem,
i ens fèiem un altre petó.
El mapa del nostre poble
era un retall de la nostra història
on cada xinxeta amagava,
com no,
el lloc d’un tresor,
un bagul ple de petons,
farcits de xocolata
i recoberts de gebrada blanca.