miércoles, 22 de diciembre de 2010

Veo música de palomas en las luces que apedrean amor en los tejados

"Música de palomas", de Soledad Mansilla (coordenadas imperfectas)

















Me he borrado de los lugares comunes.
Pero el amor por simbiosis
se apodera de mí en la ciudad
y me produce el mismo efecto que el cannabis
que nunca he probado.
Aunque el Oeste sigue vivo. El malo dispara
contra quien le lleva la contraria. Es lo natural.
Las luces cantan amor
y alguien se desangra en una alcantarilla
o escupe miedo por los ojos.
Alargo el chute que altera mi estado de conciencia
hasta que me opero en vivo cada siete de enero
y retiro las guirnaldas oxidadas de mis tripas.

jueves, 2 de diciembre de 2010

En las tardes de invierno, cuando practico la silenciosa compasión de los insectos

"Silent Sympathy", de Herbert T. Dicksee


















"Desde el momento en que uno tiene vida interior
ya está llevando una doble vida".
("La vida secreta de las palabras", de Isabel Coixet)

Háblame de la vida que existe.
El retiro voluntario aporta
algo de paz a esta eva confundida,
paria de lo sublime.
No es cierto que me haya resignado,
no controlo siquiera los saludos matinales;
Séneca me habría suspendido.
Si me tomaras la mano podría llorar la espina
que ha roto esta voz. Por eso ya no es mía,
la voz. Es de la vida que no está en mí,
aunque existe.
O eso me han contado.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Las palabras son el torpe murmullo que distorsiona lo que somos


"En el oscuro abismo en que te meces, 
en el oscuro abismo en que me mezco".
(Manolo García)

Me gustaría jugar contigo a estar.
Vestirme de pintalabios
-porque sólo miraríamos las bocas
que no hablarían, eso lo harían
los ojos.
Aniquilar las preguntas. Abortarlas.
A fin de cuentas, nos iremos igual
sin lo puesto, sólo con la voz que nos habla
cuando estamos solos.
Jugar contigo a estar desnuda
y que no importe más que el tacto expectante
en lo que todavía no conozcamos.
Faltará poco para que seamos viejos
amantes.
Jugar contigo a estar desnuda suspendida en el tiempo.
Porque eso es lo que pasa cuando cabalgan los cuerpos.
No lo notas en el corazón, que parece que encadena
pequeñas arritmias que aceleran el deseo?
Lo que sientas al tocarme es lo que soy. Por eso
no me quedaré a escupir palabras que distorsionen
los gemidos. Sólo ellos hablan realmente de mí.
Luego desmaquillaré los labios y entre la multitud
jamás podrás reconocerme.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Alguien que lleva mi nombre circula entre la hora tercia y las laudes

Imagen de Pulo, en http://loscuatroelementos.wordpress.com

Robert Mitchum (voz en off): "Nunca la vi a la luz del día. Vivíamos por la noche. El resto del día se iba como un paquete de cigarrillos que te fumaras". Retorno al pasado (1947), de Jacques Tourneur.
                                                                            

Nunca te vi a la luz del día.
Sin otros ojos que mi risa y las manos que te conocían
y los caldos rojos del Duero mezclados a las puertas
donde no acudían palabras porque estaban llenas
de vida.
El agua y la maldición de jabones y perfumes
aniquilaban tu rastro como si nunca hubieras sido.
Aborrezco esa cordura que me aleja de ti. El regreso al paritorio
donde el talco de la prudencia caló en mi primer suspiro.
La noche me parece una película de cine negro.

Y luego rompe el alba.
Pero nunca me acuerdo de lo que dan entre medio.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Sueños cruzados

Ilustración de Roger Olmos
















He soñado que sabía abrir latas de pollo con pavo. Que no había polilla de la luz que se me resistiera. Y he visto el espíritu de mi abuela en camisón vagando por el pasillo. Mi lengua alcanzaba justo el centro de la espalda donde siempre me pica. Y todo podía oírlo amplificado, hasta la más leve brisa que espiaba en la ventana. Por fin he sabido de dónde venía el olor a chamuscado que percibía a veces en el comedor. Un cable viejo de la tele que resistía el paso del tiempo detrás del mueble. Pero la visión más sorprendente ha sido al despertarme y ver a mi gato reír entre sueños, con esa risa tonta que me pilla siempre cuando tengo un orgasmo.

martes, 16 de noviembre de 2010

Los puntos suspensivos andan envueltos en papel de regalo

"Alicia tras el espejo III", tinta china. De javierazulmar.blogspot.com


















Los puntos suspensivos tienen goteras y los charcos
son el espejo cárcel de los sueños incumplidos.
El corazón que ahora vive en un globo aerostático
guarda quemaduras del día que anduvo al otro lado.
La piel fue asfalto y alquitrán negro
donde exterminar al narrador omnisciente.
Desde entonces el silencio lleva collarín y las butacas
están numeradas en todas las sesiones.
Todo estaba escrito. Menos los puntos suspensivos.

martes, 9 de noviembre de 2010

"No era lluny ni difícil"

El nuevo poemario de Joan Margarit se titula "No era lluny ni difícil". Por lo que he leído en prensa y por alguna entrevista que se le ha hecho, me apetece mucho hacerme con un ejemplar y saborearlo. Javier Díaz nos presentaba en su blog el Epílogo que escribe Margarit en relación con el libro.
Como Javier, yo también lo copio aquí con la intención de que sus palabras se divulguen el máximo posible.

Ilustración de Carina Juan

Confieso que lo que a mí me llama la atención es su reflexión sobre sentimientos universales con los que todos en algún momento de nuestra vida nos vamos a encontrar. No tengo la edad de Margarit, pero hace tiempo que le doy vueltas a esos conceptos sobre los que él arroja, creo yo, cierta sabiduría: el miedo como ausencia de amor, la lucidez, la inteligencia, la dignidad...

Y creo que el poeta es muy afortunado porque ha encontrado la manera de no caer en el pozo del miedo y la soledad  y, por tanto, de dar amor a través de la poesia.

Epílogo

Por Joan Margarit

No estaba lejos, no era difícil. Ya está aquí este tiempo, que no es el mío, en el que vivo con una mezcla agridulce de proximidad y distancia. Siento como el entorno se me va haciendo extraño. Ya no reconozco algunos valores y conductas que hoy son habituales. Cambian demasiado aprisa los paisajes. No, este tiempo no es el mío, pero es ahora cuando, en gran parte gracias a la poesía, siento una alegría tranquila que años atrás desconocía. No estaba lejos esta edad donde nadie duda en considerarme un viejo, aunque siempre con unas precauciones que me hacen sonreír, ya que son debidas a la absurda mala prensa que tiene esta palabra, sobre todo cuando es un sustantivo. Tampoco era difícil hacerme cargo con naturalidad, con complacencia incluso, de algunos sentimientos de los que la juventud suele hacer esfuerzos para alejarse o defenderse. La soledad y la tristeza, por ejemplo. Pienso que la asunción de estos sentimientos es como un mecanismo de relojería que la vida va activando para situar a la muerte en un horizonte familiar. He entendido las respuestas más peligrosas que la proximidad de la muerte puede generar y que se sitúan entre dos extremos: la desesperación y la huida hacia adelante, es decir, la sumisión a valores de la juventud. Por lo tanto, también, una forma de desesperación. Equidistante, está la lucidez, el paso previo a la dignidad. Y la admiración, el umbral del amor, como la alternativa a la queja y el desprecio.
Estos últimos años me he dado cuenta de que, a la vez que va disminuyendo la capacidad de aprendizaje, hace su aparición, como contrapunto, otra capacidad que acabará por ser la más importante: la de utilizar hasta el límite, para la exploración de nuevos territorios intelectuales y sentimentales, todo lo que se ha aprendido a lo largo de la vida. De esta manera también puede alcanzarse la lucidez necesaria para comprender el miedo. Pero esta nueva capacidad también depende de cómo ha sido el desarrollo personal hasta entonces. No hay manera de evitar una cierta irreversibilidad de la situación. Esto es lo que hace que esta etapa última pueda ser la más profunda, pero también la más banal, de la vida de una persona.
El miedo no es más que la falta de amor, un pozo que tratamos de llenar inútilmente con las cosas más variadas, en una acción directa, sin sutilezas, que no se acaba nunca, porque el pozo siempre está igual de vacío y oscuro. Cuando no se entiende el miedo, no se puede intentar nada más que esta acción sin matices, que es la del egoísmo, porque no puede tener en cuenta nada más que, sin saber de donde procede, rellenar el propio vacío. Entonces, el amor quizá no está lejos, pero es difícil. Hay que volver al tiempo antes del pozo, saber cómo y cuándo comenzó a cavarse. A mi edad esto es ineludible. A la sustitución del miedo por la lucidez, la llamo dignidad. Entonces es cuando resulta que el amor no estaba lejos ni era difícil.
La palabra <> viene del latín dignus, <>, y este significado evoluciona hacia los más complejos de 'merecedor de respeto' y, más aún, el de 'respeto por sí mismo', que es el significado que me interesa. Esta dignidad que es respeto por uno mismo conduce al amor, el cual se adentra a la vez por la inteligencia, el sentimiento y la sensualidad, que sucede dentro de cada uno y que sólo tiene que ver circunstancialmente con las actividades públicas de dedicación a los más necesitados, acciones que pertenecen siempre, de una manera explícita o implícita, al territorio de la política.
Amar es lo bastante complejo como para necesitar de todas las herramientas y maestrías que pusimos a punto en la época del aprendizaje. No he encontrado mejor manera de amar a los demás que el ejercicio de la poesía, unas veces como lector y otras como poeta -he dicho en muchas ocasiones que para mí las dos opciones son lo mismo-, y poniendo, tanto en la composición como en la interpretación de un poema, la misma honestidad que desearía y procuro practicar en cualquier aspecto de la vida civil y de la vida íntima. Pienso que este planteamiento es posible porque la poesía tiene la intensidad de la verdad. Lo que un poeta es, eso serán sus poemas: y no hay nadie más difícil de engañar que los buenos lectores de poesía. Al fin y al cabo una persona culta es la que sabe distinguir entre Chuangtsé y un gurú de cantantes famosos, entre una obra de Montaigne y un libro de autoayuda. No hay ni un solo buen poema en el que su autor no se haya involucrado de alguna manera hasta el fondo. Esto es lo que lo convierte en un acto de amor. Somebody loves us all ("Alguien nos ama a todos"), como dice el gran verso final del poema "Filling Station" ("Estación de servicio"), de Elizabeth Bishop.
En medio de todo esto, la poesía que más sigue interesándome se mueve en un territorio que yo llamaría sensato, evitando, en su relación con el misterio, los dos extremos en los que la falacia de la originalidad siempre intenta arrinconarla. Por un lado está la devaluación del misterio, que ha convertido ya a una parte de las artes plásticas y de la música contemporáneas en algo ajeno al riesgo y a la emoción y, por tanto, a la verdad. El otro extremo consiste en enfatizarlo de una manera exagerada, es decir, ignorar que hasta el misterio, o más que nada el misterio, debe ser tratado con sensatez. Que se desconozca el sentido o la explicación de algo, no implica que sea aceptable cualquier explicación, por descabellada que sea. La poesía, a pesar de su exactitud y concisión, no puede ser nunca un atajo.
Mi tiempo ha huido y me ha dejado solo en otro tiempo, pero mi soledad es una soledad de lujo. Me hace pensar en el exilio final de Maquiavelo en el mundo rural de su infancia, en aquellas tabernas donde, como explica en sus memorias, sólo hablaba con los rudos e incultos campesinos. Pero por la noche ponía una gran mesa con los mejores y más finos manteles, vajillas y cristalerías, que había traído de Florencia, y cenaba y conversaba con los sabios de la Antigüedad.
Por lo que a mí respecta, en este otro exilio que es, por su propia naturaleza, la etapa final -larga o corta- de la vida, siento que yo soy mi propio interlocutor. Ahora, ya no se está a tiempo de improvisar, debo haber hablado ya, desde hace mucho tiempo, con los sabios antiguos o modernos para que, efectivamente, y en muchas ocasiones a través de mis propios poemas, pueda reencontrarme conmigo mismo en el territorio de la dignidad. La dignidad de no asustarme de mi destino.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Susurra el pensamiento para no gastar en exceso la existencia
















El alemán patilargo habla de Gibran
-collige virgo rosas, me gustan tus ojos,
qué obra de arte tu sonrisa-
y me ha venido olor de aceite de feria.
Primero he mostrado quién soy
y luego he sentido un frío...
Dice verdades este Gulliver salido de su cuento
pero Campanilla ya no pacta con piratas.
La vida no es. La vida está.
Me ha dado por acariciar los labios
y he oído una música planetaria alargada
en el tiempo que es ahora.
No quiero pensar porque si no existiría
demasiado.

(Autoría imagen: alexandra compaintissier -- internet )

sábado, 23 de octubre de 2010

Aquí estamos para mojar la piel en una taza de lengua


Me has acariciado el pelo.
No había un plan trazado
pero las manos viajan en primera,
abriendo botellines de vodka y bourbon,
les gusta oír la risa
del que ha tocado fondo,
ahora queda subir.
Y en el vuelo tropiezan los pedazos
que importan: las manos,
la boca puerta de los seres
que de verdad somos,
los ojos de diamante.
Tenemos que dejar de tomar soma,
verter el amor en los conductos
que fueron el origen.
El material aséptico sólo lleva a la náusea.

(Imagen de Antonio López, "el beso")

miércoles, 13 de octubre de 2010

Sinopsis de una historia que nunca tendrá epílogo porque la memoria detiene la acción



Subía la cuesta con las extremidades congeladas pese a los guantes, el pasamontañas azul marino y los leotardos hasta el ombligo bajo el uniforme grisquepicatodoelaño de falda tableada. Todas las mañanas la misma sensación de desamparo, las náuseas con la leche subiendo y bajando en el estómago. El no plantearse nada, sólo sentir que no era divertido, que el invierno era muy largo y gris. Y que la vida era de los otros. Esos que habían nacido con la sonrisa en los labios y que se movían con un desparpajo que ella no podía alcanzar. Con el pasar de los años iría adjetivando la sensación de frío y dolor perpetuos: el sinsentido de una vida en la que hubiera necesitado tanto cobijo... Más tarde el transcurrir diario se disfrazó de normalidad, de ir pasando páginas de un guión que ella no escribía pero aceptaba. La calefacción producía un efecto placebo que de momento le servía. Hasta hoy. Y eso que el cambio climático había hecho desaparecer las estalactitas de los tejados. Y que las mercerías habían dejado de vender guantes de lana y verdugos.
Pese a todo, hoy ha vuelto a sentir el mismo frío.

(Ilustración de María José Olavarría, en cotepinta.blogspot.com)

viernes, 8 de octubre de 2010

Abrazada a un bote de mermelada de cereza


Debe de haber alguna relación entre la sabiduría y la mermelada. O entre la sensibilidad artística, vital, la no siempre adquirida capacidad de apreciar lo sencillo y natural. El don de la degustación pausada y placentera. A Juanjo le gustaba reunirse con sus amigas alguna tarde de otoño para preparar a fuego lento mermelada de higos. Lo mismo le ocurre a Antoni. Prepara el dulce y pegajoso manjar en compañía de alguna compañera de cierta edad. Ambos tienen en común que son artistas. La pintura, la fotografía, los grabados... son parte esencial en sus vidas.
Luego está mi otro punto de referencia. Recuerdo la hilera de botes de conserva de mermelada de ciruela, melocotón, albaricoque y manzana en casa de mi abuela. Para ella era algo cotidiano y un acto repetitivo cada temporada. Y desde que ella murió, no había vuelto a aparecer en casa otra mermelada casera. Hasta que se ha jubilado mi madre. Y sus fines de semana en el pueblo, el contacto con alguna vecina, la han llevado a subirse al carro de la confitura. Ella que ha sido tan urbanita, tan ocupada y estresada hasta hace unos escasos tres años.
Y a mí me ha dado por pensar que no entiendo muchas cosas porque no me he puesto nunca a hacer mermelada. Y es que creo que todavía no es el momento. Porque no soy ni artista ni mujer que pueda pararse, todavía, a mirar atrás y coger aire.
Pero sí sé que desde siempre me ha atraído la textura, el aroma y el sabor de toda clase de confituras. Y el dulce de membrillo en otoño. Eso me debe hacer algo más cercana e interesada en encontrar tantas respuestas...
Y así estoy hoy. Abrazada a un bote de mermelada de cereza que me regaló un amante de la agricultura ecológica en una feria medieval de primavera.

(Ilustración de Laura Michell)

lunes, 20 de septiembre de 2010

Canto a la libertad

Yo, que vengo de una infancia con una banda sonora llena de cantautores reivindicando la libertad en todos los idiomas, y pese a que ando muy anestesiada y desencantada últimamente en temas políticos y sociales, no puedo dejar pasar este día sin decir que la muerte del cantautor aragonés José Antonio Labordeta cala hondo en muchos de nosotros.
Es la muerte de un hombre bueno. Y de parte de una época que ya no volverá.

Ayer por la noche el informativo de la televisión de Catalunya finalizó con los créditos habituales pero con otra sintonía: el canto a la libertad.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Viajo en una autovía llena de nadies



Rebaño el tarro de miel
porque hay algo de invierno en el aire
de esta aurora urbana.
De invierno y de carburante
que revuelve el estómago en ayunas.
Viajo en una autovía llena de nadies
como yo.
Y sueño con un intercomunicador
para saludar a los tripulantes que pasan de mí
y del radar.
Cuántas sinergias perdemos en los kilómetros
donde fichamos de madrugada.
Hay alientos nuevos que se extinguen en la A-2
cada minuto. Tanto ir y venir desemboca
siempre en este yo. Doliente de algún pedazo
que chirría por su cuenta como el parche de un pirata,
el garfio brillante y afilado que fue sangre y hueso roto.
Hasta las episiotomías añoran tiempos mejores.
Son cicatrices que celebran su propio aniversario.

(Imagen: Rocio Lomeli)

martes, 27 de julio de 2010

La felicidad pesa un kilo de paja y hace aire




Tienes la cara azul y dos bisagras
que untas de rímel la noche
de los cuervos. Cuando sales
a librar batalla, a decidir entre el campo
de los vivos y los muertos.
Del metal, la piel añil y la sangre
de mercurio espesa. Duele el cuerpo
de la tristeza que pesa un kilo de plomo.
Unidades subjetivas que los sesos no procesan,
el corazón irreflexivo las absorbe, helado.
Siempre es lunes, o un columpio paréntesis
al dolor, la ausencia. Una prórroga previa
a la hemorragia interna del plasma gris.
La felicidad pesa un kilo de paja
y hace aire.

miércoles, 21 de julio de 2010

Confesión desde mi desierto



Hola a todos/as

La evolución de este blog no ha ido precisamente en la línea de un blog tipo diario-confesionario. Más bien he ido expresando en forma de poema o relato breve o micro todo lo que mi sentir o mi creatividad en cada momento me han ido permitiendo.
Mi exceso de pudor, cierta introversión o el mirar de permanecer siempre detrás del cerco de protección me han impedido dar rienda suelta a sentires más personales o directos que se han ido quedando allí escondidos.
Creo que estoy en un momento de reclusión y aislamiento que se me está haciendo especialmente duro. También pienso que forma parte de la evolución personal que todos arrastramos, afortunadamente, aunque nos cueste lo nuestro.
Y os explico todo esto porque esa sensación de desierto anímico y hasta físico se ha visto reflejada en la ausencia de inspiración y, por tanto, de entradas en el blog y, sobre todo, en que apenas dejo comentarios en los blogs de los que he sido y soy asidua visitante. A veces prefiero el silencio a deciros cualquier tontería para salir del paso.
Y los comentarios se agradecen, y mucho. Al menos yo sí, aunque no lo haya expresado nunca públicamente.
Nadie somos imprescindibles pero es agradable que te echen de menos. Por eso me confieso en esta entrada que quiero que sirva también para dejar claro que sigo leyendo vuetros blogs y que espero que nadie se haya sentido mal si no he comentado como solía hacerlo.

Seguiré por aquí. A ver si este acto de confesión me sirve para renovar la inspiración y para no dejar de compartirla.

De momento, he empezado con un nuevo "look" del blog gracias a las nuevas plantillas de blogger. La verdad es que cuando empiezas a "trastear" por el diseño no acabarías...

Un beso y gracias (por ser, por estar a veces)

La imagen es de NATZAN

miércoles, 7 de julio de 2010

Relato para una colección de palabras nunca usadas, como la fe



El año siete amenazaba con arrasar todas las hormonas. Si no pasaba pronto, ella se convertiría en un vegetal. La contemplación del sol no la llevaba al almacén de la memoria donde un día fue niña en una playa, en un río, en la fuente fría de un pueblo que olía a leña. Sólo visualizaba lagartijas y mojamas resecas y rancias. Hasta las palabras se pronunciaban sin saliva y eran escasas. Aunque su capacidad de atención y comprensión verbal y escrita no se había resentido, es cierto que andaban a ralentí. Como cuando dormitaba a media tarde y sentía una pena profunda por belenesteban, cuya voz le perforaba el tímpano pese a sonar como un eco lejano, y se preguntaba en su duermevela cómo esa mujer no veía que la empresa que le pagaba era lo mismo que un proxeneta para su puta. Y es que ya se sabe que hay quien jode sin joder. Y mientras su mente se perdía en divagaciones absurdas, se olvidaba de lo que de verdad le dolía. Era consciente de que su familia arrastraba un karma de culpa que había traspasado generaciones. Y allí estaba ella mirando a sus hijos y viendo impotente y exhausta cómo se repetía la secuencia. El siete anunciaba un profundo crecimiento personal que ella asumía con escepticismo y apatía porque ya en los inicios supo cómo había de acabar de todo. Un mensaje claro y rotundo que la cría de seis años apenas percibió. A fin de cuentas su primer muerto fue su padre.

martes, 25 de mayo de 2010

Las curvas del silencio



Tiene que venir alguien
antes de que me enamore
perdidamente
de la soledad.
O tal vez sea ella, la tejedora
impasible, una sirena mezzosoprano
que me hace cosquillas en la espalda.
Tiene que venir alguien
ya.
Porque estoy demasiado bien
en esta calma.
Porque empiezan a incomodarme
las llamadas imprevistas.
Porque me estoy haciendo adicta
al sonido de mi respiración
tras una puerta cerrada,
a estirar los brazos y oír
los huesos que crujen.
A no esperar nada
salvo la ausencia de dolor.

(Imagen de alex wilson)

jueves, 6 de mayo de 2010

Si los corazones fueran semillas libres de cualquier fruto



Debe de ser dios el que me aprieta el corazón
como cualquier matón oprime los genitales
al desgraciado que ha querido vender su alma
al diablo, sin advertir las consecuencias.

Y no porque dios sea un matón, ídem me libre,
sino por la invisibilidad de la acción que sí tiene,
sin embargo, efectos táctiles, heridas crónicas,
ahogo.

Y no porque yo haya hecho tratos con el ángel caído.
Siempre he sido muy buena chica. Desgraciadamente.

Ese puño que sirve de coraza a mi músculo rojo
es el causante de que yo no pueda ver la Luna.

jueves, 22 de abril de 2010

Un día fui la novia del dragón



Cien caballos han pateado esta espalda
mientras bailaba el lago de los cisnes.
Tráeme una rosa
y volverá a respirar la piel porque hoy
me he levantado soñadora y libre.
Confía en tu instinto,
y pondremos en juego todas las piezas.
Verás que tu cuerpo piensa y la mente
resbala en todas las curvas.
Te imaginas?
Todo lo aprendido, a exposición púbica.
Tu lengua y la mía, y las bestiales
caricias.
En el día del dragón
echaremos fuego por las bocas.

(Ilustración, en extravia.net)

martes, 20 de abril de 2010

Qué me dices de la belleza de las flores mustias



Huelen a muerte todos los versos
que he escrito. No me reconozco
ya en esta última vocal.
Son escaleras que voy pisando,
sacos de tierra que hundo en el averno
mientras araño la pared de mi celda
por si alcanzo el aire que asoma, dicen,
más arriba.
No os confundáis. No hablo de tristezas.
Sino de aprendizaje. Qué si no.
Ya lo dijo Lavoisier:
la materia no se crea ni se destruye,
simplemente se transforma.

(Imagen en: http://cercoluna.wordpress.com)

jueves, 1 de abril de 2010

Metamorfosis de un mojito



Me tapaba la boca con su mano. No era áspera. Y él se esforzaba ... Las gotas de sudor me hacían cerrar los ojos y la boca. Ha fingido quedarse dormido. Cuando he cerrado la puerta de la casa le he oído correr atolondrado. Ha resbalado por el pasillo. Ahora entiendo ese cardenal en la frente. Ruido de agua que corre a presión. Me he pasado la mano por la mejilla para limpiarme aquel sudor. Olía a mojito y a acidez de estómago. El hombre anónimo ha ensuciado la alfombra de sangre. Creo que era su virginidad la que se deslizaba entre el polvo y los ácaros que se reían de nuestra torpeza.

(Imagen: "Sin mirar atrás", grabado de María Expósito)

martes, 30 de marzo de 2010

Algún matiz de la humildad



Mañana, pronto, seré vieja.
Llevo ese post-it escrito en la frente.
He aprendido. Sobre todo algún matiz
de la humildad.
El tiempo de las palabras es finito.
La percepción va ganando terreno.
Cómo me adormecen las conversaciones
que pierden los tranvías. Ese atardecer
hirviendo es un calentón que confunde a los elegidos,
los que conservan el empleo. La vida fácil es ahora
no renunciar al propio espacio.
Fíjate, Frodo, que la ciudad asesina el amor.

(Imagen: "Eva está confundida", grabado de Yolanda Carbajales)

jueves, 4 de marzo de 2010

La asertividad llena la atmósfera de sonidos absurdos



Hoy es mañana.
Y jugamos a llamarnos por el nombre.
Cuatro letras que pierden el sentido
cuando bajamos del columpio.
Es un juego. Apretar una mano,
mirar a los ojos, recordar un nombre.
La asertividad llena la atmósfera
de sonidos absurdos.
Hoy es mañana.
Y por eso van sobrando las palabras.
Y las búsquedas a ciegas.
Puedes lamerme los dedos de los pies
mientras me asfixio con un hueso
de cereza.

Imagen: de la exposición "Un lugar secreto", de Soledad Córdoba. Dice la fotógrafa:
"El cuerpo es ese lugar donde nos ha tocado habitar, pero es el miedo a mutar, a ser agredido o a estar enfermo lo que nos hace ser más conscientes de nuestra corporeidad...".
"Un lugar secreto es un viaje a las profundidades del lugar más íntimo donde la realidad se desprende del mundo convirtiéndose en algo perturbador, hermoso e incluso poético. Uno no puede huir de sí mismo y de lo que le rodea pero existen mecanismos casi mágicos que hacen que experimenten nuevas realidades"·

viernes, 12 de febrero de 2010

Dice mi vagina que con las cenizas repeleremos algunos insectos



Igual sí que hoy me levantaré
y estaré bien.
Me bastará con la paz que surge
de lo más hondo de mi vagina.
El verdadero corazón. Un termómetro.
La casa del alma cuando sólo importa
que ese beso no acabe nunca.
Lugar de encuentro y de perdición.
Cuando ella respira tranquila
todo está bien. Demasiado flujo y reflujo
acaban por obstruir algún conducto
y puede sobrevenir una quemazón molesta.

(Imagen: "Matriz", en ArteMatriz.com)

jueves, 4 de febrero de 2010

Despojos del corazón que cubren tantas aceras



Sigo en la misma rueda
que me permite el azar.
Subida en una bola del mundo
que tiende a dejar el precipicio
para el próximo horizonte.
Recojo las migas de pan
después de cada comida.
No siempre el agua
tiene el poder de hacerme sentir
limpia.
El vacío es siniestro y la culpa
deja un eco sibilino que erosiona
la piel. Cómo haré para tocarte.
Un día dejaré de hablar.
Y puede que no coincida con mi muerte.

(Ilustración: "atrapar el corazón", de El cafecito de Natzan)

miércoles, 3 de febrero de 2010

El buen amante silba y deja propinas en los bares



Se reconoce al amante porque sonríe.
Pasa por tu lado y te ve.
Todo acto de piel, pedir un capuccino,
saborear el cacao, la calentura del café,
bailar con la lengua que recoge la espuma
en los labios, le trae el rostro de la amada.
Quiero al funcionario amante, al taxista amante,
a la doctora amante, o a la amante empresaria.
Mira cómo para ellos hay cielo y saben
que ya empieza a florecer o si el otoño viene
este año tan rojo...
La naturaleza entera está de su lado.
El que ama lo sabe.

Fotograma de "Como agua para chocolate", adaptación de la novela de Laura Esquivel.
Codornices en pétalos de rosa: "Con cuidado, separar los pétalos de rosas, tratando de no pincharse los dedos, porque (a) es doloroso y (b) si los pétalos se impregnan de sangre, alteran el sabor del plato y puede provocar reacciones químicas peligrosas".

jueves, 28 de enero de 2010

Ninguneando el paisaje



Comíamos cada día.
Los meses pasaban ligeros.
Ventilador y calefacción,
chancletas y botas aislantes,
jarras de agua helada y cafés hirviendo.
Horas de oficina que no dejaban rastro
en las manos ni en el alma. Si acaso
alguna cervical desencajada. Nada grave.
No se abría la tierra ni los cuerpos
se desangraban mientras nos cegaba
el polvo, el ruido, el olor del miedo.
Caos. Y luego un silencio atronador.
El amor, créeme, lo era todo.
Pero no supimos verlo.

(Foto de juanjo jiménez)