jueves, 6 de mayo de 2010

Si los corazones fueran semillas libres de cualquier fruto



Debe de ser dios el que me aprieta el corazón
como cualquier matón oprime los genitales
al desgraciado que ha querido vender su alma
al diablo, sin advertir las consecuencias.

Y no porque dios sea un matón, ídem me libre,
sino por la invisibilidad de la acción que sí tiene,
sin embargo, efectos táctiles, heridas crónicas,
ahogo.

Y no porque yo haya hecho tratos con el ángel caído.
Siempre he sido muy buena chica. Desgraciadamente.

Ese puño que sirve de coraza a mi músculo rojo
es el causante de que yo no pueda ver la Luna.

10 comentarios:

Fernando dijo...

tal vez no dejas de mirar al suelo...besos.

Luisa dijo...

Pues es bueno aullarle a la luna, lo malo es no poder ver hacia quién diriges tu baladro lastimero. Lánzalo contra ese dios que te espachurra sin miramientos el músculo, a ver si abre su puño y lo libera.

Un precioso poema, Carlota. Como siempre me ha tocado las cuerdas.

Un beso.

josefina dijo...

Hola buena chica, muy bonito.
Besossssssssss

Darilea dijo...

El ser buena tiene castigos imperdonables, lástima que a las buenas no se nos puedan cambiar jeje
Un besito :-)

pepeltenso dijo...

que bonito quedó en directo, bravo

Shinta dijo...

Felicidades por todo,

Por el fruto y por el poema, siempre sembrando, Carlota.

Un saludo.

Caminante dijo...

Mira hacia arriba y la verás, aunque quizás no esta noche, estará nublado..., supongo que es cuestión de perseverar, como hacemos con la escritura, y a veces, como tú, alcanzamos la luna.

Anabel dijo...

Estupendo, original, diferente.

La manzana abierta es muy sugerente.

¿Lo leíste el sábado? Lástima que me lo perdiera, espero que lo leas en el "Smiling".

Besos,

Anabel, la Cuentista

fgiucich dijo...

Quizás sea necesario buscar el momento oportuno. Abrazos.

Mos dijo...

Puede que, a veces, haya que olvidarse un poco de dios. También del ángel caído. Tanto uno como el otro amordazan nuestra libertad. Puede que dando un mordisco a ese puño que te oprime puedas dar un grito que despeje las nubes de tu cielo.
La luna siempre estará esperándote. Ella te conducirá hasta el bálsamo que cure tus heridas.
Un abrazo de Mos desde su orilla.