martes, 27 de julio de 2010

La felicidad pesa un kilo de paja y hace aire




Tienes la cara azul y dos bisagras
que untas de rímel la noche
de los cuervos. Cuando sales
a librar batalla, a decidir entre el campo
de los vivos y los muertos.
Del metal, la piel añil y la sangre
de mercurio espesa. Duele el cuerpo
de la tristeza que pesa un kilo de plomo.
Unidades subjetivas que los sesos no procesan,
el corazón irreflexivo las absorbe, helado.
Siempre es lunes, o un columpio paréntesis
al dolor, la ausencia. Una prórroga previa
a la hemorragia interna del plasma gris.
La felicidad pesa un kilo de paja
y hace aire.

miércoles, 21 de julio de 2010

Confesión desde mi desierto



Hola a todos/as

La evolución de este blog no ha ido precisamente en la línea de un blog tipo diario-confesionario. Más bien he ido expresando en forma de poema o relato breve o micro todo lo que mi sentir o mi creatividad en cada momento me han ido permitiendo.
Mi exceso de pudor, cierta introversión o el mirar de permanecer siempre detrás del cerco de protección me han impedido dar rienda suelta a sentires más personales o directos que se han ido quedando allí escondidos.
Creo que estoy en un momento de reclusión y aislamiento que se me está haciendo especialmente duro. También pienso que forma parte de la evolución personal que todos arrastramos, afortunadamente, aunque nos cueste lo nuestro.
Y os explico todo esto porque esa sensación de desierto anímico y hasta físico se ha visto reflejada en la ausencia de inspiración y, por tanto, de entradas en el blog y, sobre todo, en que apenas dejo comentarios en los blogs de los que he sido y soy asidua visitante. A veces prefiero el silencio a deciros cualquier tontería para salir del paso.
Y los comentarios se agradecen, y mucho. Al menos yo sí, aunque no lo haya expresado nunca públicamente.
Nadie somos imprescindibles pero es agradable que te echen de menos. Por eso me confieso en esta entrada que quiero que sirva también para dejar claro que sigo leyendo vuetros blogs y que espero que nadie se haya sentido mal si no he comentado como solía hacerlo.

Seguiré por aquí. A ver si este acto de confesión me sirve para renovar la inspiración y para no dejar de compartirla.

De momento, he empezado con un nuevo "look" del blog gracias a las nuevas plantillas de blogger. La verdad es que cuando empiezas a "trastear" por el diseño no acabarías...

Un beso y gracias (por ser, por estar a veces)

La imagen es de NATZAN

miércoles, 7 de julio de 2010

Relato para una colección de palabras nunca usadas, como la fe



El año siete amenazaba con arrasar todas las hormonas. Si no pasaba pronto, ella se convertiría en un vegetal. La contemplación del sol no la llevaba al almacén de la memoria donde un día fue niña en una playa, en un río, en la fuente fría de un pueblo que olía a leña. Sólo visualizaba lagartijas y mojamas resecas y rancias. Hasta las palabras se pronunciaban sin saliva y eran escasas. Aunque su capacidad de atención y comprensión verbal y escrita no se había resentido, es cierto que andaban a ralentí. Como cuando dormitaba a media tarde y sentía una pena profunda por belenesteban, cuya voz le perforaba el tímpano pese a sonar como un eco lejano, y se preguntaba en su duermevela cómo esa mujer no veía que la empresa que le pagaba era lo mismo que un proxeneta para su puta. Y es que ya se sabe que hay quien jode sin joder. Y mientras su mente se perdía en divagaciones absurdas, se olvidaba de lo que de verdad le dolía. Era consciente de que su familia arrastraba un karma de culpa que había traspasado generaciones. Y allí estaba ella mirando a sus hijos y viendo impotente y exhausta cómo se repetía la secuencia. El siete anunciaba un profundo crecimiento personal que ella asumía con escepticismo y apatía porque ya en los inicios supo cómo había de acabar de todo. Un mensaje claro y rotundo que la cría de seis años apenas percibió. A fin de cuentas su primer muerto fue su padre.