viernes, 8 de octubre de 2010

Abrazada a un bote de mermelada de cereza


Debe de haber alguna relación entre la sabiduría y la mermelada. O entre la sensibilidad artística, vital, la no siempre adquirida capacidad de apreciar lo sencillo y natural. El don de la degustación pausada y placentera. A Juanjo le gustaba reunirse con sus amigas alguna tarde de otoño para preparar a fuego lento mermelada de higos. Lo mismo le ocurre a Antoni. Prepara el dulce y pegajoso manjar en compañía de alguna compañera de cierta edad. Ambos tienen en común que son artistas. La pintura, la fotografía, los grabados... son parte esencial en sus vidas.
Luego está mi otro punto de referencia. Recuerdo la hilera de botes de conserva de mermelada de ciruela, melocotón, albaricoque y manzana en casa de mi abuela. Para ella era algo cotidiano y un acto repetitivo cada temporada. Y desde que ella murió, no había vuelto a aparecer en casa otra mermelada casera. Hasta que se ha jubilado mi madre. Y sus fines de semana en el pueblo, el contacto con alguna vecina, la han llevado a subirse al carro de la confitura. Ella que ha sido tan urbanita, tan ocupada y estresada hasta hace unos escasos tres años.
Y a mí me ha dado por pensar que no entiendo muchas cosas porque no me he puesto nunca a hacer mermelada. Y es que creo que todavía no es el momento. Porque no soy ni artista ni mujer que pueda pararse, todavía, a mirar atrás y coger aire.
Pero sí sé que desde siempre me ha atraído la textura, el aroma y el sabor de toda clase de confituras. Y el dulce de membrillo en otoño. Eso me debe hacer algo más cercana e interesada en encontrar tantas respuestas...
Y así estoy hoy. Abrazada a un bote de mermelada de cereza que me regaló un amante de la agricultura ecológica en una feria medieval de primavera.

(Ilustración de Laura Michell)

9 comentarios:

ROSALIA dijo...

Una entrada dulce Carlota. La explicación muy buena y didáctica.
Feliz día de la convivencia en la blogosfera.
Besos wapa.
(me encantaría conocerte en persona)

Mos dijo...

Qué cosas dices, Carlota. Aunque, visto así, igual has descubierto una relación invisible entre las mermeladas caseras, la sensibilidad artística y, por otro lado, la serenidad que da la edad. No sé...
Hace poco probé y disfruté de una mermelada casera de violetas. Sí de violetas. Me encantó; lo más en mermeladas. Y aquí estoy, con la misma sensibilidad y calma que tenía antes de degustar tal delicattesen. Aunque, quién sabe, igual he soñado con dicha mermelada; con tenerla entre mis brazos.
Un abrazo dulce desde mi orilla.
Mos.

Fernando dijo...

será que tu familia quiere siempre endulzar a sus hijuelos??...preparate para el mañana...aprende a hacer mermelada...besos

Oréadas dijo...

Me encantan los fines de semana por
que me gusta recrear mis desayunos con alegres colores, las tostadas son decoradas con esmero con diferentes mermeladas, color y sabor danzan en mi estómago. Imagino el tapiz tan hermoso que deben crear ahí dentro jeje.
Un beso Carlota.

Luisa dijo...

Hola, Carlota.
La mermelada tiene algo de artístico por aquello de los colores y el arte de saberla elaborar, pero también algo de erótico, ¿no crees? Cuando pienso en mermelada se me abren todos mis apetitos, y no te digo nada si el que me la regala es un buen… horticultor.

Un beso muy fuerte.

Diario de una Chiu dijo...

¿Verdad que no es necesario buscarle sentido a la vida cuando por fin se aprende a disfrutarla? Y es así como dices, viviendo a fuego lento, disfrutando el paciente detalle de lo hecho a mano, con calma y sin prisa, donde se encuentra el camino para aprender a paladear cada momento. Y tú que tanto detalle pones en todo lo que nos compartes ¿no vas siendo más artísta, cada hora, cada tarde? A mí si que me lo pareces... Adorable esta entrada, gracias!

Anabel dijo...

Estas entradas tan dulces son estupendas por dos cosas: por hermosas y porque no engordan.

Tú sí que eres dulce.

(Cuando prepares mermelada, avísame)

Besos,

Anabel

fgiucich dijo...

Hay aromas y sabores que uno los trae desde la cuna. Imposible olvidarlos. Abrazos.

Juanjo dijo...

¡Qué casualidad! El domingo hice mermelada de ciruela, casi el mismo día que tú escribiste este texto breve y dulce, como la buena mermelada.
Un beso