miércoles, 13 de octubre de 2010

Sinopsis de una historia que nunca tendrá epílogo porque la memoria detiene la acción



Subía la cuesta con las extremidades congeladas pese a los guantes, el pasamontañas azul marino y los leotardos hasta el ombligo bajo el uniforme grisquepicatodoelaño de falda tableada. Todas las mañanas la misma sensación de desamparo, las náuseas con la leche subiendo y bajando en el estómago. El no plantearse nada, sólo sentir que no era divertido, que el invierno era muy largo y gris. Y que la vida era de los otros. Esos que habían nacido con la sonrisa en los labios y que se movían con un desparpajo que ella no podía alcanzar. Con el pasar de los años iría adjetivando la sensación de frío y dolor perpetuos: el sinsentido de una vida en la que hubiera necesitado tanto cobijo... Más tarde el transcurrir diario se disfrazó de normalidad, de ir pasando páginas de un guión que ella no escribía pero aceptaba. La calefacción producía un efecto placebo que de momento le servía. Hasta hoy. Y eso que el cambio climático había hecho desaparecer las estalactitas de los tejados. Y que las mercerías habían dejado de vender guantes de lana y verdugos.
Pese a todo, hoy ha vuelto a sentir el mismo frío.

(Ilustración de María José Olavarría, en cotepinta.blogspot.com)

13 comentarios:

ROSALIA dijo...

¡Que relato más bonito Carlota! El nombre del uniforme y esa leche que sube me recuerdan a mi infancia. Esa sensación de frío interior e inclusive el título... ¡que bien escribes los sentimientos!
Besos wapa.

Mos dijo...

Esta sinopsis está muy bien, Carlota. Además, la memoria congela la acción. (¿será por efecto de ese frío persistente en el tiempo?)

Despojémonos de fríos y de guiones no escritos pero aceptados. La historia debe continuar con la sonrisa dibujada también en nuestra vida.
La botella medio vacía también está medio llena. Cobijo, desamparo,... hay que cambiar la visión aunque sea un poquito porque la vida va sumando horas y no hay vuelta atrás.
(Igual me estoy enrollando un poco)

Qué títulos más auténticos, Carlota.

Un abrazo cálido de Mos desde su orilla.

"ACAPU" dijo...

Me ha gustado el relato, más que narración de ficción suena al pensamiento interior que mucha gente tiene a según que horas de la mañana.
Por cierto, estoy de acuerdo con lo que dice Mos, a las inclemencias climáticas (interiores y exteriores) mejor oponerles una resistencia en forma de sonrisa.
La imagen que ilustra el relato está muy bien ¿De quién es?
Saludos!

"ACAPU" dijo...

Ei! Que acabo de ver que el nombre de la ilustradora estaba escrito debajo. Nada pues, un saludo.

josefina dijo...

ufffffff, me suena.
Te sigo queriendo mucho.

Anabel dijo...

Y es que el cambio climático, por mucho que se empeñe, no nos va a poder solucionar nuestro frío interior.

¿Dónde está "El Niño" que nos caliente un poco? :-)

Besos,

Anabel

NORMA dijo...

Fantástico...has descrito una emoción, un recuerdo...Carlota, gracias por tu participación en el debate del Club Negro.
Un besazo majeta.

Luisa dijo...

Hola, Carlota.
Creo que has reflejado muy bien esa sensación de estar viviendo una vida que todavía nos es ajena, tal vez todo el mundo en su infancia haya sentido lo mismo. Yo sí. Lo único diferente es el calor de una calefacción. Yo recuerdo una sensación terrible y extraña en las plantas de los pies, sin ser consciente todavía de aquello era frío. Mi primer colegio se caía a pedazos y no tenía calefacción.

Muy bueno.

Un besazo.

Fernando dijo...

la memoria se reserva el aroma y las sensaciones de lo que por lo que sea le interesa...reconozco eso...besos.

Anónimo dijo...

Hoy he traído un llanto atragantado todo el día, que me estaba a punto de asfixiar. El recuerdo cortante de ese frío que narras, me ayudó a reconocer el mío. Creo que me lo sacaré con una copa de vino...

Diario de una Chiu dijo...

El anónimo soy yo, me ganó el ordenador

fgiucich dijo...

A pesar de todo los recuerdos no están congelados. Abrazos.

Oréadas dijo...

Recuerdos de una niñez con goteras en la punta de la nariz.
Un beso Carlota.
Pd: Me recordó tu relato a los primeros capítulos de "La soledad de los números primos", ya que patinaban en la nostalgia de la niñez