lunes, 22 de noviembre de 2010

Alguien que lleva mi nombre circula entre la hora tercia y las laudes

Imagen de Pulo, en http://loscuatroelementos.wordpress.com

Robert Mitchum (voz en off): "Nunca la vi a la luz del día. Vivíamos por la noche. El resto del día se iba como un paquete de cigarrillos que te fumaras". Retorno al pasado (1947), de Jacques Tourneur.
                                                                            

Nunca te vi a la luz del día.
Sin otros ojos que mi risa y las manos que te conocían
y los caldos rojos del Duero mezclados a las puertas
donde no acudían palabras porque estaban llenas
de vida.
El agua y la maldición de jabones y perfumes
aniquilaban tu rastro como si nunca hubieras sido.
Aborrezco esa cordura que me aleja de ti. El regreso al paritorio
donde el talco de la prudencia caló en mi primer suspiro.
La noche me parece una película de cine negro.

Y luego rompe el alba.
Pero nunca me acuerdo de lo que dan entre medio.

5 comentarios:

Diario de una Chiu dijo...

Negrura infinita que abriga y hace sensible a la luz que avecina

Maria Luisa dijo...

Mi querida Carlota-

Precioso poema, triste, momentos vividos con intensidad...
Y luego quizá el olvido.
A veces es mejor un "olvido" que consumirse en el "presente".

Besicos muy, muy especiales.

Elisa Berna Martínez dijo...

Una buena manera de hacer inmortales algunos recuerdos, aunque otros viajen apresurados a los baules del olvido.
Un abrazo poeta!

Mos dijo...

La noche atrapa, embriaga como esos caldos rojos. Fomenta el encuentro de soledades ávidas de miradas y tactos, de cigarrillos sin expectativas, de besos obligados o no.
El alba devuelve la cordura. O tal vez la locura eterna de los días anodinos.

Un abrazo de Mos desde su orilla.

Luisa dijo...

¡Guau! Buenas frases de Robert Mitchun.
A veces tengo ganas de arrastrar mi sombra de gata por las aceras y confundirme entre las luces de neón o en la mortecina silueta de una farola. Pero solo a veces. Las más, veo películas e imagino historias de amor que no viví y que jamás viviré.

Un beso muy fuerte, Carlota.