miércoles, 26 de enero de 2011

La mirada atóxica















No debo hacer otra cosa que amar.
Admirar, sí, esencias de vida
de las que no me quiero vestir.
Amar, por tanto, en las intersecciones
en que mi corazón, víscera de cementerio ayer,
aparcamiento completo antes,
no duda en mezclar el verde con otra ilusión
robada al blanco y negro.
Amar se puede hasta las sombras.
En el desalojo de las sobrecargas lumbares,
de todo lo que reseca el dorso de las manos,
de los deslumbramientos donde dejamos de mirarnos,
sé que está mi yo más risueño. La heroína que siento
en cada antesala.
Porque amar pese y a través del plomo
que intoxica y agrede voluntades
es el sentido.
Silenciosamente. Amor de hormiga.

martes, 18 de enero de 2011

En el fondo de los vasos hay relieves del límite cuando ene tiende a infinito

"Infinito", de Mikel Albarran Valle, en fotonatura.org
















Sigue la noche. Intranquila
no recuerdo a qué había venido.
Por qué mis ojos buscan las esquinas,
el suelo húmedo de invierno. Botas de goma,
cumbres escaladas con los pies mojados.
Había un bebé y desasosiego,
tiempo sin memoria. Cárceles y llaves
perdidas en esta mano que descorre las cortinas.
Un hombre salió de esa misma cuna
y todavía no habíamos llegado a resolver
el límite cuando ene tiende a infinito.
Tiempo. Memoria. Colapso.
Pásame una calada a ver si me despierto.

viernes, 14 de enero de 2011

Más allá del nacimiento de los ríos, el norte acaricia tempestades

Foto de juanjo jiménez. Gavarnie
















La corriente de un río es efectiva.
Implacable.
Las aguas fluviales trabajan a destajo,
no ha lugar a las peticiones, la revisión,
la flexibilidad. El agua fluye y tú
mójate solo si quieres llegar al mar.
A mí me gusta el norte.
Yo vengo de la niebla.

lunes, 3 de enero de 2011

Percepciones de una hada verde (1)

"Mariposa transparente", de Hera, en ojodigital.com
















En los glaciares hay fósiles de cáscaras
de corazones maniatados.
Salen a respirar alguna noche y se disfrazan
de libertad, pasean bajo los acantilados,
presa fácil de las navajas al borde de un precipicio*,
de licántropos y vampiros sorbedores de vísceras
atrofiadas por la cadena perpetua.
A los maniatados, creedme, les gustaría
no marearse ni vomitar en las travesías,
hacerse con un parche de pirata bucanero
y tatuarse un dragón en las lumbares.

A un hombre libre le sobran zapatos
para patearse el mundo y manejar
épocas, culturas, religiones, olvidos,
bofetadas en los ojos, besos de tornillo,
arcadas perdurables sine die,
como para guiñarle el ojo a una hada verde.
Habiendo glaciares y lluvias.

(* Verso de Los ángeles muertos, de Rafael Alberti: "de una navaja de afeitar abandonada al borde de un precipicio")