miércoles, 30 de marzo de 2011

Un pastel de piña en el bolsillo para no caer en coma por exceso de monólogos internos


Cada vez que sienta el imperioso y execrable deseo de pensar
voy a hacer un pastel de piña, esponjoso, con caramelo líquido
y aroma de vainilla y llenaré la boca de esencias dulces
que convaliden las acciones caducadas.
Y cuando me atormenten la figura del espíritu apache,
los cuentos de las mil y una noches que precederán a mi muerte
segura otra mañana de marzo,
recordaré lo bien que resuelvo ecuaciones en la cola del metro
o cómo pongo nombre a cada aliento con el que respiro.
Y es que, si hay que morir, que sea sin lo puesto
y habiendo escrito en tu piel cómo amanece en Dakota,
por ejemplo.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Las piernas como tijeras rotas en suelo extraño

Autor imagen: Ernest Descals





















Recuperar el centro y alisarse la falda con las manos
es un ejercicio dramático cuando has resbalado
con una piel de plátano y las piernas han sido tijeras rotas
en suelo extraño.
Sobra entonces la ropa que me disfraza, necesario es el impulso
con el que busco tierra con los pies y agua en la cabeza. Algún segundo
sin aire en el cerebro.
Y luego la plegaria a mis fantasmas. Los que sí saben cómo
desdibujo apresurada las razones que no tengo.
Todos los días las manos presionan el vientre donde los ovarios
dirigen los deseos, como fuegos de artificio, hacia los extremos
de este cuerpo que a veces
suena a hueco.