jueves, 25 de agosto de 2011

Esto no es un poema ni yo soy Ingrid Bergman

Tengo que reconciliarme con las palabras que no he escrito.
Dicen los que me quieren que algún poema es un tormento,
que por qué no seré yo más vital, risueña. Entonces me repliego
y me castigo y siento que todo lo que transmito es sufrimiento.
Y no.
Para mí es liberación, un acto de sinceridad que necesito y que me calma.
¿Podéis entenderlo?
Me cuesta aceptar la extrañeza alargada, como la sombra de un ciprés,
que envuelve el que ha sido mi mundo conocido, tangible, pseudo-seguro.
Tengo que reconciliarme con las palabras que he dejado de escribir
y con la sensación de que siempre donde voy he de mirarlo todo en silencio,
desde la última fila,
y con la consagrada culpa que antepone todas las miradas a la mía,
todas las necesidades a la mía, todas las tristezas a la mía.
Esto no es un poema ni yo soy Ingrid Bergman
-para mí París fue una tortura un verano muy distinto a este-
Esto no es un poema ni yo soy Ingrid Bergman.
Pero casi.