jueves, 25 de agosto de 2011

Esto no es un poema ni yo soy Ingrid Bergman

Tengo que reconciliarme con las palabras que no he escrito.
Dicen los que me quieren que algún poema es un tormento,
que por qué no seré yo más vital, risueña. Entonces me repliego
y me castigo y siento que todo lo que transmito es sufrimiento.
Y no.
Para mí es liberación, un acto de sinceridad que necesito y que me calma.
¿Podéis entenderlo?
Me cuesta aceptar la extrañeza alargada, como la sombra de un ciprés,
que envuelve el que ha sido mi mundo conocido, tangible, pseudo-seguro.
Tengo que reconciliarme con las palabras que he dejado de escribir
y con la sensación de que siempre donde voy he de mirarlo todo en silencio,
desde la última fila,
y con la consagrada culpa que antepone todas las miradas a la mía,
todas las necesidades a la mía, todas las tristezas a la mía.
Esto no es un poema ni yo soy Ingrid Bergman
-para mí París fue una tortura un verano muy distinto a este-
Esto no es un poema ni yo soy Ingrid Bergman.
Pero casi.

4 comentarios:

Amando Carabias María dijo...

Ni falta que hace, porque eres carlota. Pero yo apostaría porque sí es un poema

Toni Ibañez dijo...

Digamos que hay que aprender a vomitarse en forma de texto sin que se note demasiado. Aunque a menudo las letras salpican. Es inevitable. La Literatura, antes que nada, funciona como terapia; luego, con suerte, puede convertirse en arte, en belleza, o en alguna otra sublimidad por el estilo. Añadiré que, en muchos casos, cada verso es una muralla que levantamos entre nosotros y el mundo (que son los otros, es decir, otros mundos amurallados). Nada peor que las palabras para comunicarse de veras. Sólo cuando ellas enmudecen y se tornan tacto (o gusto o gemido o fragancia) podemos empezar a intuir qué es lo que se esconde tras la muralla-máscara literaria. Pero ya dije bastante. Besos.

javier dijo...

a veces las palabras son como las ideas. Una idea que no es expresada es como una palabra no pronunciada. quedan dentro, y te martirizan. Debes soltarme,,,debes soltarme insisten Pero te resistes Y es que le que manda manda y ellas sólo son herramientas de buestra socialibilidad. Hoy es sábado y mañana es domingo

Oréadas dijo...

Diluirse demasiado en un poema, nos convierte en una viscosa huella, que sin querer dejamos, en las palabras.
Las risas se viven, el dolor se disfraza de letras y sin querer estallan como globo de agua sobre el duro asfalto.
Besitos. :)