martes, 22 de noviembre de 2011

Como los pingüinos

Imagen del documental "El viaje del emperador"
















Qué nos impide evitar los peajes boscosos,
la humedad de los helechos guarda el encanto
de las hadas, por qué si no me reconforta el olor a moho
y a verde profundo clavado en la tierra.
Ahora mismo podría decir no y qué pasaría. Nada.
Qué decidir, dónde clavar estos oídos sordos a cualquier salida.
Qué hacer con el pensamiento estancado en razones imposibles.
Cómo romper la imagen que ha moldeado el tiempo.
Es cierto que el error es un concepto ilusorio? Desviado? Vacío?
Imploro una trasfusión urgente de locura, un peeling de cerebro,
un collage de cerezas, higos y granadas en la pared de mi cuarto,
un masaje en el centro mismo de las trancas, ahora que ya saben
que el amor que arrastra todas las erres hasta la eternidad
es que te ames a ti misma, temblorosa hada verde,
como si fueras toda en una la pasión y la sangre
que pierden al Drácula y a la Mina de Cóppola.
Aunque también existen los pingüinos. Y su sacrificado viaje
para perpetuarse, con un amor difícil, esforzado, doloroso
y efímero,
tremendamente acotado por las estaciones y el hielo.