jueves, 12 de enero de 2012

La silla

Blancanieves Ferrer tenía esa mañana un herpes en la comisura de los labios. Justo al lado de la cicatriz que marcaba la edad de su hijo. No parecía importarle a nadie. Cuando se activa el instinto desaparecen todos los miedos. La consulta del doctor Guerrero aparecía esa semana infestada de picores en las pollas del vecindario. Cuánto une la tranca. Ella no distingue entre un empresario mafioso o un funcionario marchito, pasando por el electricista o el experto en colas de los servicios sociales. Blancanieves unía voluntades. Al menos una: la de vaciarse en los adentros. Como una forma de protesta o un eructo galáctico, interestelar. No dejaba de sorprenderle la variedad de sonidos con los que sus donantes de billetes expulsaban a sus respectivos renacuajos -a veces cuajados- microscópicos. Por eso los habituales tenían sus motes, en relación con su personal canción del corrido: el lobo, la ardilla, el mudo, el asmático, el generoso, el piadoso, el blasfemo. Blancanieves guardaba también uno para sí misma: la diputada. Solo recordaba una vez en que, tras el paseo entre los helechos (hay que ver la estrecha relación que mantenía con el hábitat natural en el que despachaba -unas veces más a gusto que otras), le habían robado la silla. Fue el día en que decidió cambiar el blanco de plástico inicial por el rojo de hierro que estaba entonces de oferta en Carrefour y que el tiempo había llenado de óxido. Por eso ella tomaba densia de danone y mucha lecitina de soja.

7 comentarios:

javier dijo...

Encantadora tu entrada, con ese puntito de...
La silla terminó por convencer mis miedos a equivocarme, Na, tranquila, ya lo dice el dicho que dice" Quien a buena silla se arrima, amanece más temprano ..."

Anabel dijo...

Fantásticos tu micros. Ve recopilando unos cuantos que te los tienes que llevara Zaragoza. Hablamos.

Besicos, muchos,

Anabel

Mos dijo...

Pues que me ha encantado, Carlota.

"Cuando se activa el instinto, desaparecen los miedos". "Cuánto une la tranca"
La diputada Blancanieves y su silla robada.
Es que a todos les gusta mucho la silla.

Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

fgiucich dijo...

Interesante y novedoso relato. Abrazos.

Oréadas dijo...

Si hablaran muchos objetos escribiría la historia de ellos.
Besos :-)

Ana Márquez dijo...

Impecable, amablemente denso y conciso a un tiempo, rotundo, redondo... En una palabra, perfecto.

Gracias, siempre es un placer visitarte. Un beso, guapísima :-)

Tesa dijo...

Genial, me ha encantado.

Un beso, Carlota.