jueves, 10 de mayo de 2012

Antes del alfa y de la baba resbalando en la comisura de los labios
















Hace tiempo que he dejado de soñar.
Me refiero a ser autora de un particular imaginario,
antes del duermevela, respirando el perfume
de la almohada. De eso sí soy dueña, de los aromas
de los que me rodeo.
Antes del alfa, y de la baba resbalando en la comisura
de los labios, repetía mis mantras y protagonizaba
historias en las que siempre era mujer deseada,
admirada, pensativa, callada. Diferente.
En esa virtual existencia a la que regresaba de noche
era feliz. Como cuando creía que la vida te abre las manos
y viene a buscarte. Ingenuidad. Inocencia. Mansedumbre.
Resultado de tantas cosas que dejamos de explicar
a nuestros hijos. Como que sin sueños se apaga la luz.
Moría ayer una vecina. Anciana, pelo gris, ojos enrojecidos,
expresión de no entender a dónde vamos tan deprisa,
con falda negra y todavía delantal, olor a rancio, como la vida
que se apaga. Voz ronca cuando se alejaba y decía
no entiendo qué os pasa hoy a las embarazadas, por nada
ya echáis sangre. La casta se afloja.
Cuándo empezó Lorenza a ser señora? La señora Lorenza
a la que le abro la puerta por respeto y le hablo de usted.
No quiero ser señora nunca. Ni llevar faldas negras ni restregarme
los ojos legañosos, harto enrojecidos.
Ni llorar por el mundo que me envuelve. Sola. Incomprendida.
Anacrónica.
Seré la loca de los gatos. Despeinada. Huraña. Diferente,
como en mis sueños de almohada difuntos.
Y con faldas de colores imposibles.
Lo intento alguna de estas noches. Imaginarme a dónde voy,
qué quiero. Construir mis mantras. Creer.
Os juro que lo intento.

domingo, 6 de mayo de 2012

He de romper mi compromiso con lo trágico






















Siéntate y sírveme una copa
porque esto puede acabarse mañana
o en cinco minutos. Nada trágico.
El olvido habitual de lo que es la vida.
Bebamos, pues, y acariciemos el tiempo, el sol,
la ternura y las palabras, compañeras de viaje.
Con el horizonte de lo finito, con todas las posibles
conclusiones de los temas abiertos, trato quizá hoy,
como método, de abordar una a una las equis
con las que tropiezo. El cuerpo y los otros, los que me miran
desde fuera y lo que malfunciona dentro, guardan
sus propias razones.
No somos nada de lo que habíamos soñado, no hemos nacido
para cumplirnos promesas.
Hoy somos tu cuerpo y el mío estirados al sol, alguna mirada
de ternura -eso es amor?- tres o cuatro caricias,
una carcajada porque tú y yo nos reímos igual de lo absurdo,
el rey de bastos y la rueda de la fortuna entre la arena de una cala.
Como digo, afortunados.