domingo, 6 de mayo de 2012

He de romper mi compromiso con lo trágico






















Siéntate y sírveme una copa
porque esto puede acabarse mañana
o en cinco minutos. Nada trágico.
El olvido habitual de lo que es la vida.
Bebamos, pues, y acariciemos el tiempo, el sol,
la ternura y las palabras, compañeras de viaje.
Con el horizonte de lo finito, con todas las posibles
conclusiones de los temas abiertos, trato quizá hoy,
como método, de abordar una a una las equis
con las que tropiezo. El cuerpo y los otros, los que me miran
desde fuera y lo que malfunciona dentro, guardan
sus propias razones.
No somos nada de lo que habíamos soñado, no hemos nacido
para cumplirnos promesas.
Hoy somos tu cuerpo y el mío estirados al sol, alguna mirada
de ternura -eso es amor?- tres o cuatro caricias,
una carcajada porque tú y yo nos reímos igual de lo absurdo,
el rey de bastos y la rueda de la fortuna entre la arena de una cala.
Como digo, afortunados.

2 comentarios:

Amando Carabias María dijo...

Delicioso. Creo que te imitaré, y me acercaré a la sencillez de una caricia, una copa y un gesto de ternura. Probablemente sea amor.

Mos dijo...

Hay que quitarle hierro a todos los males del corazón.
Aunque eso, digo yo, suponga tener anemia afectiva.
Bebamos, pues.

Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.