lunes, 18 de junio de 2012

Me acojo a sagrado






















Entre la verdad y la mentira está el gris,
la mera existencia. Los días
en que tu impulso aligeraba mis pasos.
Eran verdad la risa y la duda
como lo es ahora el vacío engañoso y amnésico
con lo que la piel ha sentido.
A eso me acojo.
Cuando el eco de las venas me catapulta al borde
del infarto, me resguardo en mi piel como si de un monasterio
medieval se tratara.
Allí, esta proscrita se guarece de su propio látigo
con la esperanza del indulto.

5 comentarios:

javier dijo...

todo está en nosotros,- somos arquitectos de nuestro cerebro- ( ramón y cajal)

Oréadas dijo...

Las huellas en la piel hacen estragos en la memoria.
Un saludo Carlota

Anónimo dijo...

yo me acojo al subsuelo, a las catacumbas, sin atajos.

Anónimo dijo...

Brsos guapa
Fifi

Anónimo dijo...



fantástico poema. gracias.