miércoles, 27 de junio de 2012

Soy la heredera de un duelo ignorado que hace que hoy me sangren algunas dendritas

Obra de Antonio Guerrero
















Heredamos los duelos.
Esa mirada triste, la cabeza ladeada,
el hombro alto. La vuelta a la posición de reposo:
qué hago aquí, arrastrando una pena que no entiendo.
Cómo, si no, se explica esa pose en mi niño triste,
moreno y triste.
Heredamos los duelos porque lloramos a destiempo.
Tomo nota y desde hoy buceo en y desde mi corazón.
Observo, me sumerjo, evito ser mi juez y mi verdugo.
Con eso espero no juzgarte a ti. Observar y tomar
lo que me guste. Sin más. Y es que no hay más.
Eso dicen.
Buceo desde mi corazón y aparco esa moral
que un día me inyectaron a traición.
Como en un parto, me hago amiga del dolor
porque sé que luego estaré yo.
¿Sabré reconocerme?

3 comentarios:

Anabel dijo...

Sabrás, porque en ello te irá la vida.

Nos vemos,

Anabel

TrasTera dijo...

Qué cierto, los dolores deben habitar la sangre, nos los contagiamos generación trás generación. Mirar unos ojos, y saber que son tuyos en cierta medida. Un abrazo poeta!

fgiucich dijo...

Esa mochila que cargaremos por siempre en el camino de la vida. Abrazos.