martes, 25 de septiembre de 2012

No es más cierto el miedo que la existencia de un árbol que baila






















Esta ilustración es de Brian M. Viveros y le encantaría a mi amiga Le. Va por ti.
Pero al texto -y tal vez a mí- nos pega más esta de Milk:






















Van pasando árboles porque ya no hay postes de la luz.
Árboles, el mismo árbol, un árbol, el árbol.
Que se dobla hacia la derecha. Árbol doblado.
Pero muy suavemente, con gracilidad. Árbol que baila.
A mi lado un hombre huele a ajo, a sudor. A miedo.
A qué puede temerle un hombre así, al que se le marcan las venas,
un hombre de labios finos, sonrisa invisible, barba cerrada
y ropa de hombre como cuando yo era pequeña.
Hay hombres así, como venidos de atrás, a los que imagino
haciendo cosas serias. Y oliendo a sudor. Y luego están los hombres
como el que me mira enfrente. Con el alma cargada.
Antes recogía todas las señales. Ahora estudio cómo transmitir las mías.
Mientras tanto, cuento árboles que bailan, y recibo este otoño
agradecida, deseosa de sumergirme en su cálida hojarasca.

4 comentarios:

lagunaseca (Josefina) dijo...

Precioso.besosss

COCO dijo...

el final (como siempre) brillante. Me alegro que estés deseosa de lo que comporta el otoño y por encima de todo de tu crecimiento.
El alma cargada, así son CASI todos los hombres que han compartido algo con nosotras y así nos gustan.
Muchas gracias por dejarme visualizar esa imagen. Me parece agresiva, provocativa...llena de vida y cómo no, en espera!
Sabes que te abrazo.
LE

Ana Márquez dijo...

Yo recibo la señal de que te rindes a la vida con la pasión de la tierra y de la sangre, con la bondad y temblor de esos árboles que danzan. Y eso es bueno, te lo aseguro.
Muy buen texto, muy buenas ilustraciones. Un beso grande, desde otro rincón de este barco de la poesía... que irremediablemente nos lleva.

Anabel dijo...

Ay, sí por fin, por fin, el otoño.

Mira que se mueven los árboles, ¿eh? Quién lo diría.

Anabel