domingo, 21 de octubre de 2012

NA DU

"A todas las niñas valientes que salen a buscar lo que quieren", de la serie Miradas de Nicoletta


























"Nada está perdido si se tiene el valor 
de proclamar que todo está perdido
 y hay que empezar de nuevo". 
De la novela Rayuela, de Julio Cortázar

La otra cara del desencanto pasea por Heilbronn, una ciudad mediana, verde y cuidada del suroeste de Alemania. Debe de andar con su saxo por la frondosa orilla del río, con los huesos húmedos y el estado de ánimo tendente a la explosión irascible. Ella recuerda su pelo rojizo, su verborrea nerviosa a veces y su aparente frialdad. Son ahora mismo, en octubre, las dos caras de una misma moneda: dos almas sensibles que tienden al aislamiento porque su inteligencia se topa con la barrera del exceso de emotividad. "Na Du", le increpa él en algún whatsapp, "¿cómo estás, mi alma?". El germano no puede esconder sus ocho años de residencia en Andalucía. Siempre le habla con nostalgia de aquella época. De cómo le enamoró la alegría de vivir de España, de la cual carecen sus paisanos, según él, y repite hasta la saciedad que el problema que tenemos ahora los españoles es que, a finales de los ochenta, pasamos de ser pobres a tener en exceso y a entrar en el consumismo. Allí empezó el fin de la alegría. Cuando se empieza a poseer, viene el egoísmo, la desconfianza y, sobre todo, el enclaustramiento. "Y así es como estáis ahora en España: sumergidos en la tristeza. Y yo eso ya lo tenía en mi país", recuerda.
El alemán patilargo y la catalana menuda, más que conocerse, se reconocieron un octubre de hace dos años. Identificaron su singular manera de dolerse de la soledad y de sentirse ajenos a casi todo. Con eso es fácil compartir un año de amor, seis meses de deseo. La catalana menuda ha vuelto a encerrarse en su concha porque su historial amoroso va en aumento y siempre, después del último, cuestiona su capacidad de simplemente vivir. De simplemente levantarse y dejar de sentirse culpable. Aunque le queda el consuelo de que todos sus ex le envían e-mails o whatsapps y le hacen partícipe de sus sentires. Eso mitiga algo el desencanto. Pero en las tardes de domingo, la catalana menuda maldice su buen talante y maldice también el paso del tiempo porque, de camino a los cincuenta, nota como el óvalo de su cara ha dejado de ser firme y eso no hay crema reafirmante que lo solucione. A partir de los 45 tienes que aprender a vivir con tu papada, con los pliegues de los codos, con la grasa del abdomen. Pero eso no le importaría, a la catalana menuda, si hubiera alguien que muriera por ella, como en la canción de Sabina. Pero morir como muere Antonio Banderas por Eusebio Poncela en la La ley del deseo de Almodóvar. ¡Y es que está muy loco, hostia! Porque el deseo, ese carrusel en el que te subes sin acordarte de tu fecha de nacimiento, se convierte entonces en la mejor crema reafirmante y en el más mágico de los antidepresivos.
El alemán histriónico sonríe pensativo a orillas del río Neckar recordando lo que solía decirle a su chiquinina catalana: "¡Ay, mi alma!, a ti lo que te hace falta es un buen tripi. Con eso te darías cuenta de muchas cosas, verías con claridad lo invisible y lo único importante que ahora, desde la oscuridad, te aprieta en el corazón".
"Na Du (¿qué tú?)", le escribe la catalana menuda otro lunes gris y pesado como una tonelada de cemento.

3 comentarios:

Mos dijo...

Y sin embargo la vida sigue más allá de los cincuenta, la papada, las arrugas, la flaccidez, las canas,... El mejor reafirmante puede que sea el amor pero, a veces, tampoco. Si los días amanecen grises y no somos capaces de hacer que salga el sol, difícil será todo con amor o sin amor. ¿Culpable? Ya basta de culpas que no mejoran nada.

Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

rodolfo dijo...

no estoy de acuerdo hoy contigo. sería deprimente que nos enamoráramos por la carcasa y no por el contenido, por muy tópico que suene

enric dijo...

Tu prosa me encanta, en especial cuando escribes sencilla y directa, cuando prima el mensaje sobre la artificiosidad de las palabras