lunes, 21 de enero de 2013

Nueva historia de mariposas que ya sabemos que vuelan mientras no se desgastan las alas

"En el estómago... mariposas", de Alfonso Antón (artelista.com)
















De tanto ser como soy se me olvidan las razones
por las que no soporto los domingos.
Es el día del yo desnudo, sin adornos, y a mí siempre
me ha costado quitarme la ropa, dejar que las sábanas
frías se empapen de este sudor fingido.

La luz de la tarde hiere especialmente las córneas
que durante la semana nadan en colirio. El silencio
deja el tímpano vacío de nombres y de agendas
de la vida que queda en suspenso hasta la madrugada
del día de la luna.

Reconozco mi voz en el principio de los buenos poemas,
que disparan palabras como barras de pan y te dejan
ese aroma a cocido entre las manos. Poemas que yo
no he escrito pero que recogen con pala mis contradicciones
y me alivian, algo, el pecado de pereza o de miedo.

Luego estás tú en el inicio de los despertares.
Tú y la vida al otro lado del espejo, con las palabras,
los silencios, las pausas, las mariposas que ya sabemos
que vuelan mientras no se desgastan las alas. Siempre somos niños.
Cómo, si no, esta carcajada abierta al otro lado del whatsapp.

viernes, 11 de enero de 2013

A corto plazo, de nada sirve el historial de descargas


































Sucede que yo escobo pero hay un remolino de hojas secas.
Que me peino y luego la noche me dibuja alas en el pelo
como diciendo, niña, no te tomes tan en serio. 
Todos los días caducan las palabras. Todos y cada uno 
de los putos días amanezco virgen de recetas sobre lo vivido.
A corto plazo, de nada sirve el historial de descargas.
Y es que cuando vives consciente del corazón que busca
eres la misma niña de los ojos grandes pero con el miedo aprendido
y con la tristeza que asoma a veces porque ya no sabe seguir sin ti.
Cuando me pierdo aplico el recurso de encontrarme 
en cualquier cafetería, sola, ante un cruasán de chocolate o una ensaimada
de crema. Poco a poco aparece la sonrisa, el corazón tiene ritmo de blues
y entonces, solo entonces, el que pasa a tu lado te ve. Seguro. Siempre es así.
 

miércoles, 2 de enero de 2013

Pese al óxido de las cuchillas sigo patinando como si no pasara nada, igual que tú

Performance de Luizo Vega contra la lapidación de Sakineh















"All that will be
but isn't yet.
Now forget,
now forget."
(Tema de NOA, Now forget)


Sin el olvido o tal vez sin los patines con los que resbalamos por encima de tanto sufrimiento, sería imposible tomarse un café o un cruasán de chocolate. Hace dos noches que los sueños son rojos. Como el rostro y el tronco de Soraya Manutchehri, semienterrada y lapidada por ser amable, alegre, guapa y vital. Las palabras pierden la partida en esta explicación. Ni las letras ni los fonemas de "lapidación" aportan nada del terror en los ojos, del polvo y la sangre mezclados, del cuerpo semienterrado bailando grotescamente a causa del aluvión de piedras, de la salpicadura de fluidos. La habitación a oscuras y el mando todavía entre mis manos. Y me voy hacia el rojo. Con la preciosa, rizada, brillante, azabache melena de Soraya. Y sigo en pie dos días después. Tomo café y todavía es dulce el cruasán. Cómo es posible. Este discontinuo caer y levantarse ante lo inaceptable, ante lo injusto, ante la vil naturaleza que anida en algún rincón del ser humano, va dejando óxido en las cuchillas, que recogen el polvo y la sangre esparcidos. Creo que es eso lo que me pesa y apenas me doy cuenta. Eso y la incapacidad, la impotencia. Pero sigo, tal vez porque algún abrazo, una mirada, tienen el poder de recomponerme. Como a ti, como a todos.