lunes, 21 de enero de 2013

Nueva historia de mariposas que ya sabemos que vuelan mientras no se desgastan las alas

"En el estómago... mariposas", de Alfonso Antón (artelista.com)
















De tanto ser como soy se me olvidan las razones
por las que no soporto los domingos.
Es el día del yo desnudo, sin adornos, y a mí siempre
me ha costado quitarme la ropa, dejar que las sábanas
frías se empapen de este sudor fingido.

La luz de la tarde hiere especialmente las córneas
que durante la semana nadan en colirio. El silencio
deja el tímpano vacío de nombres y de agendas
de la vida que queda en suspenso hasta la madrugada
del día de la luna.

Reconozco mi voz en el principio de los buenos poemas,
que disparan palabras como barras de pan y te dejan
ese aroma a cocido entre las manos. Poemas que yo
no he escrito pero que recogen con pala mis contradicciones
y me alivian, algo, el pecado de pereza o de miedo.

Luego estás tú en el inicio de los despertares.
Tú y la vida al otro lado del espejo, con las palabras,
los silencios, las pausas, las mariposas que ya sabemos
que vuelan mientras no se desgastan las alas. Siempre somos niños.
Cómo, si no, esta carcajada abierta al otro lado del whatsapp.

3 comentarios:

Anabel dijo...

Tú sí que dejas olor a cocido...

Anabel

Mos dijo...

Pues a vivir esas mariposas hasta que se queden sin alas.

Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

rodolfo dijo...

sentirse vivo