domingo, 6 de octubre de 2013

Dios debe de tener acciones en corporación dermoestética

Óleo de Edward Hopper
















"Ya, ya sé lo que estás pensando.
Aquí no hay nada duradero,
porque desde siempre hasta siempre está en manos de los elementos".
(Tutaj, de Wislowa Szymborska)

Ahora que ya soy la mujer madura
que imaginé cuando odiaba mi cara
en el espejo,
sé que todo pasa.
Incluso la maldición eterna de una adolescencia
adornada con acné, hormonas descompensadas,
ridículos patrones del hombre fuerte y viril
y la mujer de ojos alelados que no miran de frente.
Y mucha soledad. Y la leche y las náuseas
de la mañana en la carrera escolar. Y la noche
a las seis de la tarde, bendita noche donde esconder
la cara y morirse
hasta la leche siguiente y el vómito.

Y la broma de los pelos que te salen en las piernas.
Para cuando haya matrias, me pido dictar los nuevos cánones:
que se inserte vello púbico en los ojos al imberbe y al lampiño.
A las chicas, que las dejen libres, con trenzas de colores
en las piernas y lazos en las axilas.
Y a las de los anuncios, que las echen al monte
con cien ovejas y un perro tuerto y pulgoso.

¿Qué mente perversa llena de imperfección
los sueños de una niña? Dios debe de tener acciones
en corporación dermoestética.

Todo pasa.
Te has podido pulir algunas taras,
sentirte a menudo esa mujer lela que cree oler la salvación
en la testosterona que te escupe que sí, que tú eres ella.
Has bailado la danza de la fertilidad.
Intuyes que morirse ha de ser natural como la fase expulsiva de un parto.
Sabes que el miedo entonces se suspende en el aire. Porque manda natura.
Crees que después no te echarás de menos. Como cuando duermes y sueñas.
Es así. No caben peros.
Todo pasa.
Excepto mi tendencia a la noche. Y mi odio a los espejos.


1 comentario:

rodolfo dijo...

en otras especies, son los machos los que se engolan y exhiben plumas color aro iris, y aquí, entre nosotros, más allá del tú y el yo, vais y os esclavizáis con pelos y señales.
Mujer libérate y no ya sólo del soutien-gorge