lunes, 24 de agosto de 2015

El silencio es el mejor de los días posibles



















Lo peor es no saber
quién eres.
Qué eres.
Para qué existes.

Hacerte esas preguntas
lo peor de lo peor.
(Es de manual de coaching vivir el presente,
sólo existe el ahora.
Bien.
Mi ahora se me está haciendo largo.
Mala señal.)

No caer en la propaganda superficial
de las conquistas: qué merito tiene haber parido
dos hijos,
un hombre y una mujer que respiran solos
y que ya han descubierto tu cabeza baja,
tu tendencia al drama.
Qué merito tiene compartir genes,
haber dejado en herencia algún tic en los desencantos,
las manos cuadradas, los pies egipcios,
el vacío matinal, beber agua embotellada.

Puedes volver a la madre si no vas a quedarte
mucho tiempo. A la madre vuelven los vencidos,
al calor del puchero y del orden en el aire.

No hay madre en la cúspide del éxito
ni en el máximo placer de la piel, allí donde crees que has de permanecer
eterna.

A la madre muerta le haces un templo.

Una madre viva es la sombra vigilante
un revulsivo
el reposo
una cadena
la verdad incómoda
el archivo de tus pifias
tu justificación para dormir
y también
el perdón absoluto.

Soy madre y soy hija, pues. Úteros encadenados.
De entre todos los qués posibles, esta respuesta.
Puedes ser muchos qués. Y ningún quién.
Y nunca un para qué resuelto.

Eres un héroe tú que me saludas siempre
con la sonrisa puesta. Cómo lo haces.
En mi planeta el silencio es el mejor de los días posibles.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Callar para decir aquello que se esconde en los repliegues del sentimiento, donde las lágrimas inundan el pozo-corazón, donde nos olvidamos de ser lo que fuimos en sueños, esos añicos de héroe, esos pedacitos de pájaro, esas migas de valentía frustrada... Y nos dejaron solos en mitad del desierto de lo cotidiano, pastando como ovejas previsibles, pastores de rebaños anónimos, alas de gallina y orejas de culebra... Existimos para manchar con palabras la pureza de lo efímero.